COYUNTURA

Opinión: “No se compara”

Imagen: RPP

Vamos, vamos, vamos blanquirroja, nosotros te alentamos en las buenas y malas…” dice la letra de una conocida arenga a nuestra selección de Fútbol, cuyas notas he venido escuchando desde el pitazo final del pasado Perú – Colombia en el Nacional de Lima.

Para mucha gente de mi generación, los cuales conformamos el selecto grupo de los que nunca hemos estado vivos mientras Perú jugó en un mundial, este tipo de partidos generan no solo ilusión, sino también mucha ansiedad y temor. Si algo hemos aprendido los que seguimos a la selección durante todo este tiempo es a no cantar victoria antes de que suene el pitazo final, el mismo que –dicho sea de paso- casi siempre lo esperamos rezando y lo pedimos gritando.

Soy de la generación que muchas veces ha sido causa de risa y burlas, al emocionarnos por ir ganando por 3 goles a México en alguna Copa América para luego perder el partido, al gritar “¡Tenemos equipo!” emocionados por algún gol de Ascues en algún amistoso, o por postear en redes sociales la tan conocida frase “No vengo por una clasificación, vengo porque te quiero” como un claro mecanismo de defensa que busca apelar a nuestra garra Inca, por llamarlo de alguna manera.

Sin embargo, también soy de la generación que iba al colegio y cantaba orgulloso el Himno del Perú todos los lunes después de los partidos clasificatorios para Francia 98 y de la generación que gritó inconteniblemente el gol del Chino Pereda en Barranquilla. De los que gritamos como locos el gol de Lobatón en la Copa América del 2011 y de la generación que soltó una que otra lágrima luego de que elimináramos a Brasil de la última Copa América.

Hoy no quiero hablar de Paolo y su injusta suspensión que estoy seguro esclarecerá; hoy quiero remembrar todo lo que hemos sufrido y remado durante todos estos años para llegar a este momento. Y todo lo que nos ha costado estar a dos partidos de volver a un mundial. Por ello, esta columna representa más que el simple nombre de una arenga, más que un partido de futbol, más que una clasificación (con la que sueño todos los días por más de 3 décadas): representa un sentimiento reprimido por muchos años e incontenible por más tiempo.

No estoy seguro de lo que pase en los dos partidos que vienen, pero si estoy seguro de que si clasificamos a Rusia me sentaré en mi cama a llorar incontrolablemente de alegría mientras beso mi camiseta de la selección. Esa misma que no lavo desde que le ganamos de locales a Ecuador. Luego me secaré las lágrimas y buscaré a mi hijo o a mi papá (el que esté despierto) para abrazarlos con todo mi corazón y así saltar, reír y gritar juntos de alegría repitiendo -en mi mente- las últimas notas de la arenga en mención, tan solo para reiterar que, “…vayas donde vayas estaré presente”. ¡Vamos Perú Carajo!

José Fernando Reyes
Abogado por la Universidad de Lima. Opinólogo. Economista frustrado. Melómano. Agnóstico Funcional.
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