NACIONAL

Opinión: El látigo de la indiferencia

La indiferencia es un látigo que imparte muchísimo dolor. Y decir que la política no te importa es ser sumamente indiferente ante una realidad inexorable de la que no hay escapatoria. Es algo que está en la atmósfera, en algún momento u otro vas a respirarla, dado que es vital. Aquí todos viven su existencia en un rumbo que no interfiera con la de los demás: “mis problemas no son los tuyos, mi sufrimiento no es tu sufrimiento, mi lucha es solo mía y tú no tienes nada que ver en esto”. Por semejante individualismo sin sentido terminamos escogiendo a una sarta de incompetentes para que nos gobiernen.

De esta manera, gobierno tras gobierno, hay una decepción de por medio, un bajón de ánimo, una gripe que te quita las ganas de levantarte de la cama. Este gobierno no es la excepción, es uno más del montón. La indignación por los errores de nuestro presidente Pedro Pablo Kuczynski no tardaron en asomarse por la ventana. Una vacancia evitada, un país mordiéndose las uñas a causa de ello, un indulto negociado bajo mesa como si de un paquete de droga se tratase, el grito de una turba enardecida porque se le ha faltado el respeto. La viveza fue más; la justicia, menos. Asimismo, los hermanos Fujimori montan una obra de teatro espectacular para hacernos creer que su partido se ha dividido en dos facciones a lo Star Wars: el lado luminoso del fujimorismo y el lado oscuro de este.
Encima, el Ejecutivo tiene la osadía de denominar al nuevo gabinete como el “Gabinete de la reconciliación”. ¿Cuál reconciliación? Ninguna. Ni siquiera se puede reconciliar con el Legislativo y quiere reconciliarse con todo un país que aún sigue sanándose de las heridas que nos dejaron las décadas finales del siglo pasado. Mejor le hubiesen puesto de nombre “Gabinete de la verdad”, porque el que no se cumpla lo que dice el nombre ya es usual. Estamos habituados a que nos mientan en todo momento, pero ahí no hay motivo para protestar, debido a que la mentira es algo intrínseco en nuestra sociedad.

Los políticos nos dicen una cosa, luego otra. Algunos reclamarán, otros no; algunos con más ímpetu, otros no. ¿Por qué tomamos la misma actitud que ellos? ¿Acaso si a ellos no les importamos, entonces ellos tampoco nos importan, ni tampoco importa lo que hagan o dejen de hacer? Es una indiferencia mutua. Nos damos de latigazos los unos a los otros. Tal vez no todos ustedes son así, ya que estoy pecando al generalizar, pero no me retracto al decir que la gran mayoría de mis compatriotas y yo somos indiferentes.

El país está de cabeza, está en un proceso de putrefacción paulatina que ya empezó a infectarnos, o quizá ya lo hizo tiempo atrás, y yo recientemente soy consciente de ello. Definitivamente necesitamos una cura. Yo sugiero más solidaridad, más empatía y unión como nación. Aunque dudo que eso suceda. Perdón, pero mi pesimismo tiende a ganarme la batalla a veces. Lo que pasa es que idealizo mucho las cosas; sin embargo, al salir a la calle y observar, escuchar, oler y leer, todo se derrumba. Me doy cuenta que, en este mundo de locos, realmente todos nos hacemos daño.

Santiago Zelada
Periodista
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