COYUNTURA

Opinión: El jalón de orejas que se necesitaba

La gran mayoría de nosotros se ha visto afectado por la contusión política que sufrió nuestro país. Hemos sido testigos de arrebatos, berrinches, estrategias, disculpas, insultos, mentiras y un hambre insaciable de poder por parte de algunas personas. Sin embargo, todo esto tuvo un punto y seguido. La crisis ya pasó, pero aún hay asuntos pendientes, y se avecina una avalancha de problemas que no le dejará la vía libre a Pedro Pablo Kuczynski.

El intento de vacancia, impulsado por las fuerzas políticas opositoras, fue un “taz-taz” para el gobierno; para nosotros, un jalón de orejas. El presidente tiene mucho por mejorar a raíz de este suceso. Empezando por su gabinete ministerial, hacerles caso a sus asesores, pensar las cosas fríamente antes de hacerlas, imponerse ante los amedrentamientos políticos, y establecer una comunicación eficiente con el pueblo.

La pasividad del Ejecutivo respecto a cada “derechazo” brindado por el fujimorismo es algo que mostró debilidad por parte de PPK, y fue sinónimo de facilidad de manejo para Fuerza Popular. Conforme pasaron los meses, el escenario político parecía una trifulca entre el Ejecutivo y la mayoría parlamentaria. Finalmente, esto desencadenó en una balacera que dejó muchos heridos en ambos bandos: el mandato de PPK “moreteado” y Fuerza Popular resquebrajado.

Nadie aquí es un santo. Nadie está completamente pulcro. El actual mandatario aún tiene dudas que disipar, Keiko Fujimori está siendo investigada por un presunto lavado de activos, Ollanta Humala y su esposa están con  prisión preventiva, Alejandro Toledo está como no habido para la justicia, y Alan García se pasea en la Comisión Lava Jato como si fuese su casa. No sé si la política per se está llena de corruptos o, al verte inmerso en ella, te corrompe.

En cuanto a nosotros, espero que hayamos aprendido la lección de una vez por todas. Nuestra triste realidad es que nunca hay un candidato que sea considerado “el bien”, siempre es “el mal menor”, el que nos haga menos daño, el menos nocivo, o el que “roba pero hace obras”. “Al final, todo el sistema está podrido, para qué preocuparse” —es algo que suelo escuchar en las calles.

Es verdad que los políticos son los que tienen “la sartén por el mango”, pero somos nosotros los que les damos esa facultad. Si ellos tienen poder, nosotros lo tenemos en mayor medida. Somos nosotros los que votamos. Somos nosotros los que nos dejamos llenar la cabeza de falsas promesas y de ideas irrealizables. Somos nosotros los que mostramos nuestro inconformismo ante alguna eventualidad desfavorable para el Perú. Somos nosotros los que debemos ponerle un alto a esto.

Lo sucedido solo fue una advertencia, una reprimenda, un jalón de orejas colectivo; no obstante, no sabemos qué podrá venir después, en un futuro no muy lejano. Y es mejor estar preparado para ello.

Santiago Zelada
Periodista
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