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Opinión: Cuando el caballo viejo relincha su inocencia

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El pasado 11 de diciembre, el expresidente Alan García respondió a varias interrogantes ante la comisión Lava Jato, específicamente, por el caso Odebrecht. Durante el interrogatorio, mostró una actitud retadora. Afirmó no haber recibido dinero del empresario brasileño con expresiones como: “Ni un centavo, ni una cuenta, ni una transferencia”.

Además de eso, en una muestra de grito de moralidad, señaló: “Hubiera considerado una ofensa mortal si alguien me ofreciera 20 millones de dólares a modo de un pago irregular”. Según García, las visitas realizadas durante su mandado fueron porque en ese tiempo Brasil era un país importante e influyente para Latinoamérica. Por ende, Perú debía mantener de alguna manera una relación con el país aledaño.

Con respecto al proyecto del Gaseoducto del Sur, añadió que su gobierno estaba interesado en llevarlo a cabo. Sin embargo, un sobrecosto lo desanimaría. Para el proyecto del Sistema Eléctrico de Transporte Masivo de Lima y Callao, Línea 1, y el contrato de Concesión de Transporte de Gas Natural de Camisea, sostuvo que la gestión estuvo dentro de un marco constitucional.

Tras varias respuestas inconclusas, la comisión le pedía ser más claro. No obstante, García se limitó en hacer hincapié en que varios funcionarios públicos que lo acusaron en su momento de traicionar a la patria están actualmente en la cárcel o con orden de arresto, en alusión específica a los expresidentes Ollanta Humala (con prisión preventiva) y Alejandro Toledo (prófugo).

Si bien el ser evasivo y poco transparente dejó muchas dudas entre la audiencia, Alan García salió bastante librado de la comisión. Todos sucumbieron ante sus respuestas. Y la citación tan esperada por la opinión pública se convirtió más bien en un punto a favor del exmandatario. Al margen que las respuestas sean ciertas, el solo hecho de haberse presentado y haber respondido con cierta verosimilitud ya lo hace librarse de muchos de los dedos que lo juzgaban y que querían verlo sentado en el banquito. García Pérez ahora está mejor que nunca, al menos quedó bien con su público.

Aunque Alan García haya disminuido su popularidad y aprobación en los últimos años, no hay que quitarle mérito que sigue siendo el mejor delusor de la política peruana. Tal vez debería darle unas clases al presidente Pedro Pablo Kuczynski, sobre todo ahora que está en una encrucijada y no tiene ni dominio de sus propias palabras.

Emely Cóndor
Estudiante de Economía de la Universidad del Pacífico. Cinéfila de corazón. Investigadora inquieta. Adicta a los dulces y al café.
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  1. EllEmpart

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