COYUNTURA

La autodestrucción parlamentaria

Andina

Por Renzo Ibáñez.

Los parlamentarios deben aceptar que algo está mal en el Congreso y eso debe cambiar urgentemente. La apabullante presencia del fujimorismo no solo se debe a la “efectividad electoral” de sus candidatas, candidatos y dirigentes, sino también a una falla en el sistema mismo. Cambiar esta situación pasa por una impostergable reforma política y electoral.

Esto implica modificar el momento de la elección: afinar la calidad de los candidatos a través de la transparencia y eficiencia de las dinámicas internas partidarias y reconfigurar las circunscripciones electorales para acercar la función parlamentaria a los ciudadanos. Además, incluye modificar la actual correlación entre la cantidad de parlamentarios y la cantidad de ciudadanos, constituir la bicameralidad tanto para mejorar la discusión de las leyes como para impulsar una genuina renovación de cuadros políticos, entre otros.

Sin embargo, se debe tener también una actitud más empática con la ciudadanía y no solo esperar a que las reformas se den. El espectáculo que actualmente brindan los congresistas es realmente bochornoso: se compran frigobares y televisores; y no tocan ni con el pétalo de una rosa a la señora Yesenia Ponce, quien no solo le ha mentido al país, sino también a sus correligionarios. Esta no es la política que queremos ver, necesitamos actitudes que comuniquen. Que haya propósito de enmienda no es difícil.

Es cierto que el Legislativo “solo gasta” el 0.4% del presupuesto nacional, mientras que el Ejecutivo, el Poder Judicial, los gobiernos regionales y locales, y los organismos autónomos, todo lo demás. Pero también es cierto que no bastan las aritméticas para responder, se necesita construir una relación de confianza con la gente, pues un sol o mil millones mal gastados son lo mismo. El Parlamento debe entender que su exposición es mucho más alta y que, en términos simples, es el lugar de trabajo de los políticos. Y los políticos (sí, en plural), aquí y en cualquier parte del mundo, son siempre antipáticos. No esperen otra actitud de parte de los ciudadanos.

Por otro lado, no deja de ser verdad que existe una campaña mediática interesada en que el Congreso y los parlamentarios toquen fondo, pero tampoco es suficiente para entender lo que pasa hoy. Enemigos y adversarios políticos son parte consustancial del juego democrático, deberían estar acostumbrados. Necesitamos que el Congreso haga su trabajo, legislando, representando y fiscalizando, pero no lo podrá hacer sin legitimidad, ni de espaldas a la indignación ciudadana. Propuestas como la de reducir la irracional cantidad de dinero que el Ejecutivo gasta en publicidad son fundamentales para la salud de la democracia y del fisco. Sin embargo, en la voz de ultratumba del actual primer poder del Estado, en vez de sonar convincentes y saludables, parecen una invitación al daño. Afinen.

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