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Opinión: ¿Qué tan eficiente es el proceso de adopción en el Perú?

Imagen: MIMP

El Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) define a la adopción como “la medida de protección de carácter permanente, a través de la cual se brinda una familia a niños, niñas y adolescentes que han sido declarados judicialmente en abandono”. Pero, aunque su concepto pueda expresarse de manera clara y eficiente, la realidad del día a día de su procedimiento difiere mucho de tales adjetivos, tornándose muchas veces en un procedimiento tedioso, frustrante y sobre todo extenso.

El MIMP es el ente encargado de supervisar el proceso de adopción en el Perú desde 1998, teniendo como base la Ley de Procedimiento Administrativo de Adopción de Menores de Edad Declarados Judicialmente en Abandono, siendo la declaración de abandono indicada, requisito primigenio a fin de concretar la adopción de un menor. El Proceso de Declaración Judicial de Abandono cuenta con dos etapas marcadas: una etapa de investigación tutelar realizada por la Dirección de Investigación Tutelar – MIMP, y una etapa de evaluación y declaración Judicial de Abandono a cargo del Poder Judicial, existiendo así una bifurcación jurisdiccional clara en el manejo de dicho procedimiento.

La etapa de Investigación Tutelar, cuenta con la finalidad de sustentar la solicitud de declaración de estado de abandono e informar si es factible o no, el retorno del menor al ámbito familiar biológico, o en caso, de que esto no sea posible, el indicar si existen familiares que deseen hacerse cargo del menor.

Una vez concluida dicha etapa, se procederá a informar las conclusiones obtenidas al Juzgado de Familia. Una vez que el fiscal público cuenta con el sustento para solicitar la declaración de abandono, proceso que toma un tiempo estimado de dos a tres años. Esto causa de la fuerte carga procesal con la que cuenta nuestro Poder Judicial, así como la falta de un abogado representante del menor que realice seguimiento e impulsos del proceso.

En este punto, ya podemos contar con una impresión de por qué el proceso de adopción creado con el fin de salvaguardar al menor se torna, en la práctica, en un impedimento para su propio fin, dada la demora de este. Es un proceso cuya burocracia generará, en el peor de los casos, una demora de hasta seis años, lo que resulta una contradicción clara al carácter de urgencia de dicho procedimiento pues, la posibilidad de adopción del menor al adquirir mayor edad solo decrece, y esto es una realidad innegable.

El promedio mensual de niños declarados en situación de Abandono por parte de las 23 Cortes de Justicia del país es de 8 a 10 niños, mientas que para el año 2016, la Lista de Espera contaba ya con 245 familias aptas para adoptar y el MIMP recibe un promedio de 25 parejas aptas para adoptar de manera mensual. Los datos antes señalados, no hacen más que mermar un sistema de adopción endeble, que como hemos podido observar, tiene mucho por mejorar.

Jesús Grandez
Abogado egresado de la Universidad Ricardo Palma, absoluto amante de la lectura, la música, el cine y la vida.
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