COYUNTURA

Opinión: Rohingya, cuando vivir es un deseo

Al Arabiya

Aung San Suu Kyi es acusada por la masacre que atraviesan los ‘rohingya’ en Myanmar (antigua Birmania). Los rohingya son una minoría musulmana establecida al norte del país asiático que se ha visto en la obligación de emigrar hacia Bangladés por los constantes hostigamientos. Se estipula que ya suman más de 380.000 refugiados en 2017, de los cuales el 60% aproximadamente son niños. Esta nueva oleada migratoria se aumenta a los más de 400.000 refugiados de anteriores migraciones forzosas; en consecuencia, se comienza a provocar el énfasis de las condiciones de insalubridad y de saturación cada vez más presente en los campamentos.

Al menos 9.000 rohingya han muerto en el primer mes de las “operaciones de limpieza” llevadas a cabo por el Ejército de Myanmar contra los rebeldes en el estado de Rajine, entre el 25 de agosto y el 24 de septiembre de 2017, según un informe de la ONG Médicos sin Fronteras (MSF). De todas estas muertes, el 71,7% habrían sido causadas por violencia, es decir que al menos 6.700 rohingya murieron asesinados. De ellos, 730 eran menores de 5 años.

La ausencia de cualquier manifestación por parte de Suu Kyi refleja inhumanidad y olvido de los que una vez fueron parte de la propia vida. Se manifiestan críticas que enfatizan la contradicción entre haber defendido a lo largo de casi dos décadas una lucha pacífica y ahora no alzar la voz ante la persecución de los rohingya. ¿No tienen los mismos derechos o es que no son iguales que los demás ciudadanos? ¿El silencio y la indiferencia son las mejores soluciones cuando se asesinan y violan voces?

El gran auge de la huida de este colectivo se ha cuantificado por la intervención de las milicias birmanas tras el ataque del Ejército de Salvación Rohingya de Arakan contra zonas fronterizas, el pasado 25 de agosto. Aunque en pleno siglo XXI no es novedad que siempre exista en todo país un colectivo que quiera imponer siempre su posición e ideas frente a los demás, y más aun no es peculiar que el medio más fácil y usado sea la acción militar. Esa idea de lograr lo que se desea sin importar lo que tengamos que hacer, implica actuar con violencia (birmanos) que generará más violencia, sobre todo cuando hay diferencias de índole étnica y religiosa.

Myanmar considera a los rohingya “inmigrantes ilegales bengalíes” y no les reconoce como una de sus 135 etnias, aunque lleven siglos viviendo en la región. En la actualidad, muchas personas siguen huyendo de Myanmar a Bangladés y aquellos que logran cruzar la frontera siguen asegurando haber sido objeto de violencia en las últimas semanas.

La guerra  es asesina de infantes e inocentes y es un juego donde el “yo” prevalece. Salir de tu país por fuerza es una experiencia inexplicable. Ser asesinado solo por no ser como los demás es lamentable. Seguir viviendo y que todo esto acabe es el deseo de miles de rohingya.

Christopher Alvarado
Estudia Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Carlos III de Madrid, España. Sus intereses son la política, los voluntariados, el teatro y los debates en Modelo de Naciones Unidas.
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