COYUNTURA

Opinión: Por sus palabras, padre Jorge, no se olvide de Venezuela

Registro

Por Carlos Carrasco Muro.

El atrevimiento de escribirle, no es por un capricho pasajero o una provocación lóbrega. Se trata de un ejercicio de discernimiento, desde la posición del simple ciudadano, que solo es capaz de representarse así mismo, en un contexto colectivo en decadencia llamado Venezuela.

Padre Jorge, una emergencia humanitaria asola a Venezuela. Si usted atravesara una noche por cualquiera de sus ciudades, la imagen que se llevaría sería impresionante. Niños de 4 años palúdicos, flacos y con miradas pérdidas pidiendo algún bocado de pan, mientras sus padres pueden estar haciendo una fila incierta, en una tienda de comida para comprar las sobras.

Sinceramente, la política como espacio de encuentro, las instituciones como mecanismo de ayuda social, la prensa como expresión ciudadana y los discursos de dirigentes nacionales o internacionales están alejados del padecer y los sacrificios de los venezolanos. Reconozco su coraje de abordar el tema de Venezuela en forma oportuna, a través de la exhortación al diálogo. No obstante, en una nación de excluidos, presos y exiliados, el tiempo no se puede desperdiciar. A veces pareciera que el tiempo diplomático o político no se corresponde con el tiempo de la gente común. Resulta triste y frustrante observar cómo los mecanismos más pacíficos son rechazados por los líderes. A pesar de estar respaldados por figuras como usted.

Ante eso. Creo que cabe la pregunta ¿En qué se falló? Si me permite volver a citarlo. En el Laudato si’, usted crítica el relativismo de la sociedad actual. Me parece que una de las fallas que se tiene al momento de abordar la crisis en Venezuela pasa por esa cultura del relativismo, ese uso de no reconocer la cosas por su nombre. Esa idea de establecer cánones relativos para no molestar a las partes en conflicto.

Ahora se estará preguntando qué es llamar a las cosas por su nombre. Luego de una persecución política prolongada por años, una violación sistemática de los derechos humanos y una devastación metódica de las instituciones públicas (bajo el telón de fondo de una desnutrición general), creo que no hay duda de cómo calificar esto: Venezuela es una dictadura abierta, que mantiene a sus ciudadanos en condiciones infrahumanas. Comprendo que, desde su posición como líder de los católicos, asumir esto no es una tarea fácil, pero “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección” no existe hoy en Venezuela.

Si quiere ser fiel a sus palabras y a la ética social que profesa, basado en ese “bien común”, se deben cesar los relativismos y ser la voz que le diga a los opresores: “¡Ya basta!”. Por favor, no deje de escuchar a las personas humildes de Venezuela. Si bien pueden saber que el cambio político tardará en llegar, depositan su esperanza en un líder como usted, que pueda ser una voz que represente el sentir de un pueblo que hoy no siente representación en nadie y necesita, no solo de comida, sino reconocimiento de sus derechos y libertad.

Padre Jorge, no renuncie a ser un defensor de la dignidad del hombre. Por sus palabras, no se olvide de Venezuela.

Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...

Leave a Reply

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

To Top