COYUNTURA

Opinión: La isla recalcitrante y sus “libertades sexuales”

Reuters

Les quitaron la única de posibilidad de “libertad” que tendrían. Cuba, el país con mayores restricciones de América Latina que se vendía como “defensor de las libertades sexuales”, le ha dicho no al matrimonio entre personas del mismo sexo. La única “libertad individual” que se respetaría en la isla no irá en la nueva Constitución.

La comisión de la Asamblea Nacional que elaboraba el borrador eliminó el artículo que permitiría esto. El escrito pretendía modificar la definición de matrimonio como “unión entre un hombre y una mujer” por “unión entre dos personas con capacidad legal para ello”. Sin embargo, debido a la oposición que se detectó en los debates populares sobre la reforma de la Carta Magna, realizados los últimos meses, se decidió dejar de lado el asunto.

Este retroceso legal supone un duro golpe a la propuesta de Mariela Castro, hija del expresidente Raúl Castro y líder oficialista del movimiento LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales), quien ha luchado por años para lograr esto. La comisión que elaboró el proyecto, encabezada paradójicamente por su padre, decidió cambiar el texto y ha dejado sin esperanza a toda esta comunidad. Sin embargo, por absurdo que parezca, Mariela asegura que la nueva Constitución cubana “reconoce las uniones sin atarlas a género alguno”.

Por mucho que ella intente justificar la medida, el Gobierno de Cuba ahora también pretende limitar esa única facultad que tenían sus ciudadanos para decidir con quién iniciar una familia. Esto, desde luego, tendrá un impacto social fuerte en la isla. El hecho de quitar el respaldo a la propuesta afectará negativamente a la comunidad LGTB, tal como se ha demostrado en otras sociedades, donde las personas, creyendo que tienen el aval del poder político para actuar frente a estos asuntos, han comenzado a manifestar abiertamente su rechazo y a justificar su homofobia. Un ejemplo: Rusia.

Muchos extranjeros que visitaban la isla se sorprendían con la tolerancia que había por este tema e, incluso, les parecía estar frente al “paraíso de la libertad sexual” en América Latina, tremenda contradicción respecto a la imagen que tenían sobre el respeto a los derechos humanos. Esto permitía a varias personas, especialmente del ala izquierda, justificar que ahí sí había “libertad”.

Si bien el borrador aún será sometido a referendo el próximo 24 de febrero, hay algo que conviene recordar: los derechos humanos no se “plebiscitan”. No son cuestiones opinables. ¿Cómo es posible que una mayoría tenga que decidir sobre las libertades de una minoría? Tratándose de América Latina, donde todavía hay fuerte arraigo del conservadurismo, ya se puede pronosticar el resultado.

Mucho se decía que la isla empezaría a “abrirse” al mundo y a las nuevas ideas, después de la muerte de Fidel Castro. Su sucesor, Rául, dio algunos indicios (o al menos lo hizo parecer creíble), pero vaya que él mismo, junto a otras personas que se creen con la autoridad moral de poder decidir sobre cuestiones netamente personales, ha optado por cambiar las reglas del juego. Así de paradójica es la recalcitrante isla.

Jair Villacrez
Comunicador por la Universidad de Piura. Le interesa el Periodismo Internacional, Político y Económico. Le encanta la sátira social.
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