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Opinión: Haití, la juventud frente a la corrupción y mala gobernanza

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Por Sauvenel Augustín.

La corrupción es una plaga que golpea las bases ya frágiles del Estado haitiano. Los informes de la ONG Transparency International exponen el poco avance del país contra este fenómeno devastador. Haití es considerado uno de lo más corruptos del planeta. Numerosos son los gobiernos que se declararon estar en guerra contra la corrupción, pero muy poco es el resultado de su lucha. Este fenómeno, que tiende hacia una generalización progresiva en las diferentes esferas de la vida nacional, tiene como consecuencia principal la pauperización del país.

La juventud haitiana es la más afectada por la corrupción y la mala gobernanza. Según un informe del 2003 del Instituto Haitiano de Estadística y de Informática, más de la mitad de la población de Haití es menor de 21 años. Ellos huyen de la miseria y emigran masivamente hacia numerosos países extranjeros. Cerca de 500 000 viven República Dominicana, lo que representa numéricamente la comunidad extranjera más importante en ese país y la más pobre.

Este fenómeno se debe principalmente a una ausencia del Estado, pues no desarrolla políticas públicas apropiadas que resuelvan los problemas fundamentales de la juventud. Después de los 30 años de represión, en 1987 se declara a la República de Haití como demócrata. A pesar de eso, los diferentes gobiernos sucesivos no crearon instituciones que se dediquen a velar por un ambiente idóneo para la juventud.

En el aeropuerto de las Américas de Santo Domingo, en junio de este año, hablé con muchos jóvenes haitianos que se dirigían hacia Chile y Brasil. Del mismo modo en la escala que hice en Panamá, encontré a más de 40 haitianos que esperaban impacientes la salida de sus vuelos. Ellos escapaban del  paro, la miseria, la inseguridad y tantos otros problemas que ensombrecen su futuro. Tanto quienes han hecho estudios avanzados como quienes solo tienen educación escolar se sienten amenazados por la situación de estado precario y de paro que prevalece actualmente en Haití.

El país, a pesar de las ayudas significativas que recibió después del terremoto en el 2010 y los programas especiales de ayuda de los que gozó, como el programa Petrocaribe, se hunde paradójicamente en un subdesarrollo crónico. Los escándalos de corrupción en los niveles más altos del Estado son corrientes. Las comisiones parlamentarias hicieron encuestas y acusaron a funcionarios de desbarajustes administrativos. Asombrosamente, fueron arrestados, pero generalmente la impunidad reina en el país. La justicia es controlada por el poder político. Los dirigentes del Estado llevan una vida de realeza mientras que la población vive en la miseria

Por todo ello, los jóvenes pierden confianza en su país a causa de la corrupción y crisis política, que destruye su futuro. Sin embargo, a pesar de la falta de oportunidades, buscan la manera de tener participación e incidencia a través de organizaciones y grupos juveniles en los asuntos que más afectan a la comunidad haitiana.

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