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Informe: El autogolpe y la consagración del asistencialismo como forma política

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“El fujimorismo es el partido más sólido e importante del país” se suele escuchar señalar a distintos analistas y opinólogos del ámbito nacional e internacional, pero ello tiene un origen, pues el partido que llevó al ingeniero Alberto Fujimori a la presidencia no fue más que un vientre de alquiler, el partido fujimorista propiamente tiene un nacimiento el 5 de abril, el día que murieron los demás partidos políticos (a excepción de Acción Popular, el Apra y el PPC).

Luego de unirse con sectores evangélicos y de no tener propiamente un plan de gobierno — se recuerda aquella famosa intoxicación por salmón cuando iba a exponer su plan — Fujimori asumió la presidencia y siguió de manera muy similar lo que planteaba su contrincante electoral, Mario Vargas Llosa, en el plano económico y los primero años de su gobierno, pese a tener una oposición parlamentaria. El país, dentro del caos, en que se encontraba — hiperinflación y terrorismo — buscaba salir de la debacle.

Fujimori asume un rol histórico cuando decide realizar un autogolpe y formular una nueva constitución, es ahí que su rol político gana gran cabida y el fujimorismo nace como tal, extinguiendo como una fuerza incontrolable todos los bastiones previos de determinados partidos.

Como se recuerda, tras la dictadura militar encabezada por Velasco y Morales Bermúdez, los partidos políticos tomaron las riendas de la política nacional y la situación pareció regularizarse: se tuvieron 3 elecciones consecutivas y el arribo de una izquierda unificada por Barrantes parecían ampliar el panorama político y hacer por fin que en el Perú importen más las ideas que las personas.

Sin embargo, Fujimori alteró las reglas del juego y ejerció un populismo muy similar al de Perón en los años 50 en Argentina y se perennizó como un movimiento caudillista, en base a un partido cuya base legal ni siquiera importaba. El expresidente postuló a través de tres partidos distintos e, incluso, hubo varios más para las campañas municipales. Independientemente de cual fuese el partido, Fujimori prometía “mejorarle la vida a las personas”, es decir, promovía políticas asistencialistas.

El 5 de abril consolida el gobierno de Fujimori no solo como una dictadura autoritaria, sino como un sistema que aseguraba la permanencia debido a un gran apoyo popular gracias a diversos frentes: la manipulación de la prensa, la exaltación de escenarios imaginarios — la captura de Abimael se dio cuando Fujimori pescaba con su hijo en la selva peruana — y sobre todo, un lastre del fujimorismo hasta hoy en día, el asistencialismo más burdo y grosero.

Fujimori institucionaliza el hecho de realizar una obra para las personas de bajos recursos sin importar el cómo, e implemente las dádivas como herramienta política. En una estrategia ideada por Montesinos, como bien señala Carlos Iván Degregori[1], Fujimori llega a las personas a las que los políticos tradicionales no llegaban, se hermana con ellos y recorre el país generando una adhesión poco antes vista en un presidente en funciones.

Una vez instaurada la Constitución del 93, surge otro gran problema: crear un partido político es ahora mucho más fácil. Por tanto, diversos movimientos regionales se convierten en partidos y esa abundancia impide el crecimiento y construcción de cada uno de ellos. A esto se le suma la feroz crítica digitada por Montesinos hacia los opositores a través de los diarios chicha.

La forma de hacer política del Fujimorismo gusta a una población necesitada y aislada y dinamita toda posibilidad de competencia política leal. Luego de la caída del régimen, una de las ideas que quedó impregnada en la población fue precisamente la del asistencialismo, de ahí que muchas personas justifiquen la famosa expresión “roba, pero hace obra”.

Esta manera de accionar se evidencia hasta ahora. Así, por ejemplo, hace unas semanas la lideresa Keiko Fujimori llevó ayuda a una localidad duramente golpeada por los embates de la naturaleza y señaló: “de haber sido elegida, habría llevado más ayuda”, una expresión que manifiesta de manera explícita que las ideas asistencialistas aún tienen un fuerte arraigo popular en el país.


[1] Degregori, Carlos Iván. La década de la antipolítica: auge y huida de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Instituto de estudios peruanos, 2001.

Mauricio Chereque L.
Estudiante de Literatura Hispánica en la PUCP. Es liberal, cinéfilo y desde que tiene memoria se ha visto leyendo un libro.
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