COYUNTURA

Editorial: ¿No hemos aprendido del Monstruo de Armendáriz?

Toluca Noticias

El Ministro de Justicia Enrique Mendoza dijo en una entrevista que está a favor de la pena de muerte en ciertos casos de violación. A raíz de esto se ha armado un intenso debate.

Nuestro país abolió la pena de muerte con la Constitución de 1979 y suscribimos un convenio de abolición con el Pacto de San José. Sin embargo, reapareció en la Constitución de 1993 para los casos de traición a la patria en contexto de guerra y terrorismo, derogándose lo último por ser inconstitucional. Desde ese entonces, el debate siempre regresa, pues, en gobiernos pasados se propuso y no procedió.

Existen muchos estudios (como el de la Death Penalty Information Center de EEUU) que cuestionan la capacidad disuasiva de la pena muerte. A pesar de que quedan países como Guatemala, Cuba, EEUU entre otros, la tendencia occidental ha sido la abolición y la apuesta por los Derechos Humanos. El sistema jurídico peruano, altamente cuestionado,  no soporta una pena como esta. Es probable de que se cometan errores en los juicios o, peor aún, se comience a matar a discreción ¿No hemos aprendido del Monstruo de Armendáriz?

La pena de muerte es un rezago de la vieja Ley de Talión, aquella por la que se castigaba físicamente a través de las mutilaciones y las torturas. Regresar a eso es un retroceso. Es, además, una alternativa que no ataca el problema de fondo:

¿Qué hace que un sujeto viole a una muchacha que toca a su puerta o que un padre viole a su hija de 2 meses de edad? En lo que va del año se han registrado 65 mil denuncias sobre abusos a menores, cifras bastante alarmantes. Sin embargo, la pena de muerte es una sanción y como tal su aplicación es posterior al acto repugnante.

Lo que se necesita con suma urgencia es una educación que incluya el enfoque de género ¿No es curioso que aquellos que estuvieron en contra de Currículo Nacional hoy defienden la pena de muerte para los casos de violación sexual? Hipocresía populista, pues.

Es necesario educar en base a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres; es necesario hacer entender que el cuerpo del otro no nos pertenece. Se trata, en el fondo, de principios y valores que necesitan ser inculcados en nuestra sociedad. Y si no se hace en casa, para eso está la escuela y punto.

Repudiamos cualquier clase de violencia sexual, pero la solución debe ser integral.  Debemos cambiar nuestro enfoque educativo hacia la igualdad, hacer eficaz a nuestro sistema judicial en este tipo de temas, hacer para estos sujetos que el proceso de reinserción esté acompañado de un tratamiento psiquiátrico, crear una red de inteligencia para detectar futuros agresores, seguir aplicando la cadena perpetua en el peor de los casos. La solución debe estar orientada, valga la redundancia, a solucionar el problema sin tener la necesidad de regresar a los tiempos de Talión.

Las afirmaciones del ministro Mendoza son irresponsables ¿Cuántos monstruos de Armendáriz más queremos tener?

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