COYUNTURA

Deportes: Tristes finales

Rara vez se ha visto a equipos chicos conseguir la gloria, completar la hazaña. Cuando el club pequeño toma gran protagonismo dentro de la prestigiosa competición, y se va constituyendo como el equipo revelación del torneo, empiezan a pesar los títulos históricos del club grande y, por ende, la jerarquía. Pero también existe otro curioso detalle en el equipo chico, quizá el más influyente e incluso a veces actúa solo: sus jugadores toman consciencia de que la histórica epopeya está cerca. Solo falta superar pocas vallas, por lo general dos, o puede ser únicamente la final, la tan ansiada final. Ese choque en campo neutral en que te juegas la gloria, y en el que la derrota solo te ofrecería el segundo lugar, del que, según dicen, no se acuerda nadie. En estos trascendentales encuentros, que pueden ser la semifinal o la final, se puede evidenciar esa toma de consciencia de los jugadores acerca de la magnitud de la instancia a la que han logrado llegar. Una toma de consciencia, irreprimible, que se traduce en el angustiante temor y respeto injustificado hacia el gran oponente, ya acostumbrado a estas fases de definición.

Para no ir tan lejos, nos podemos fijar en campañas admirables de equipos chicos en los últimos años. El 25 de Abril de 2006, Villarreal de España vivía el momento más importante de toda su historia. ¡Disputaba el partido de vuelta de semifinales de Champions frente al Arsenal inglés! Para ese entonces, Juan Román Riquelme era el conductor del equipo, la estrella. Corría el minuto 88 de este trascendental choque, y Riquelme disponía de un penal para igualar la serie y forzar los penales. Pero el “submarino amarillo” no lo conseguiría. Su sueño se esfumaba por la supuesta presión que sentía sobre sus hombros Riquelme, que desperdició la inmejorable oportunidad. El Atlético de Madrid tampoco lo consiguió en un par de ocasiones frente al equipo más ganador de la historia, el Real Madrid. Borussia Dortmund en la final de Champions 2013, a costa del Bayern. Paraguay, que cayó derrotado en tiempo extra en Francia ’98, casualmente contra la anfitriona del torneo. Y así sucede con tantas grandes campañas de equipos chicos, que al final no logran consolidar la sorpresa.

Pero el fútbol es tan complejo que admite excepciones, y vaya que no son pocas. Leicester City la temporada pasada, Uruguay con su “maracanazo”, el Liverpool que remontó el tres cero en contra en la final de la Champions 2003 frente a Milán, y tantos otros. La diferencia entre los que consiguieron la gloria y los que no, tal vez se encuentre en el trabajo del líder que comanda la hazaña, pero también influye significativamente la personalidad del grupo. Y hoy Mónaco no tuvo personalidad para disputar este choque decisivo frente a Juventus, que tampoco es el equipo más grande de Europa, pero que en el papel sí era superior. El equipo del principado se desmoralizó totalmente apenas le anotaron el segundo gol. Se amilanó en una semifinal de ida que seguramente pudo haber luchado más, con convicción y sin temor. Pero no fue así, y la serie está prácticamente definida.

Juan Manuel Saldaña
Alumno de Comunicación y Periodismo en Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)
“El fútbol es lo más parecido a la vida”
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