COYUNTURA

Crónica: Y sin estar en algún puerto de Mancora

En mistura, cuando todavía quedaba en el parque de la exposición en el centro de Lima, me topé con un restaurante que me sorprendió por lo rico que estaba, hablo de muchos años atrás y la verdad es que por un buen tiempo nunca supe dónde quedaba.

Cuando estudiaba en la pre de Lima, descubrí que el restaurante estaba en plena avenida Javier prado, camino al óvalo del monumental en la Molina. Parecía norteño por su nombre y el sabor que tenía, me gustó bastante su ceviche así que por varios años tenía en la cabeza entrar a comer ahí. El problema con que quede en la Molina, es que regresar por esa zona de la pre dejó de ser una opción para mí, esto ocasionó que el restaurante amarillo con nombre norteño quede en segundo plano.

Hace poco, muchos años después, tuve la suerte de cobrar una deuda pagada en ceviche. Por alguna extraña razón este local vino a mi mente, así que decidí arriesgar, sacarme el clavo después de tanto tiempo y probarlo, sabiendo que con el pasar de los años había aumentado un montón en infraestructura y en precios particularmente.

Recuerdo que todo estaba yendo muy bien, la leche de tigre carretillera estaba alucinante, los pedidos seguían llegando y estábamos a gusto hasta que llegó una causa, algo tan simple como una causa truncó mi deseo de escribir bien de ellos. Hablé con el mozo primero, porque le habían echado una crema de aceitunas (y yo no las disfruto como todos) ¿Cuál era la necesidad de ponérsela encima?, al pedir si me la podían cambiar o limpiar, él se hizo un mundo con algo muy sencillo, así que preferí decirle que lo deje así y que lo limpiaba yo mismo.

Después de embarrar unos cuantos cubiertos y unas servilletas con aceituna, por fin pude empezar a comerla, no estaba fea pero tampoco rica, aunque después de la buena leche de tigre carretillera me importaba poco o nada. En el segundo bocado que planeaba meterme a la boca apareció un gusano, quise creer que había caído de una palmera que tenía cerca, pero esa historia hubiera sido muy perfecta para ellos, el gusano estaba dentro de la causa, causa que pedí que me cambiaran y no lo hicieron.

El karma es un tema delicado, así como el servicio y la importancia por los gustos de tu comensal, esa causa pudo haber sido cambiada, pero entre que el mozo intentaba convencerme de que me guste la aceituna, me insinuaba la flojera del chef por cambiar la causa, me ponía de peor humor y acto seguido, el chef se sentó en la mesa del costado a comerse un ceviche, preferí quedarme callado, esperar que se vaya la ira y hablar de su leche de tigre carretillera, que sin gusanos, estaba bastante buena.

André Gallet
Egresado de la carrera de Gastronomía y Arte culinario de la universidad Le Cordon Bleu, empedernido cocinero que sigue persiguiendo sus sueños y espera nunca dejar de aprender.
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...
To Top