COYUNTURA

Crónica: Permiso para matarse

Imagen: ATV

Una semana antes de su muerte, Alan García lucía demacrado, con un rostro tirando a la palidez, ojeroso, pero con mensajes de tranquilidad ante las investigaciones por el caso de presuntas coimas de Odebrecht. No parecía sentirse acorralado por la Justicia peruana.

Con las acusaciones y pruebas que caían sobre Luis Nava y Miguel Atala, posibles testaferros del expresidente aprista, nada hacía pensar en un suicidio o intento de fuga. Es más, la inevitable detención preliminar ya se voceaba desde el 16 de abril, pasadas las 11 de la noche. Fuentes policiales de este medio indicaban que, durante la madrugada siguiente, alguien de peso sería capturado.

La habitación de Alan García, en el segundo piso de su vivienda en Miraflores, estaba dominada por el simbolismo de un crucifijo, que terminó en el centro de su cama cuando se encerró en su habitación y decidió disparar en su sien derecha y provocarse una muerte cerebral instantánea. El fiscal Henry Amenábar y 6 policías reaccionaron muy tarde cuando se dieron cuenta de que el expresidente había optado por la muerte a ser desfilado con esposas ante los ojos del mundo.

Para entender este suicidio, hay un dato importante: según la SUCAMEC, el líder aprista tenía permiso de usar su revólver Colt, calibre 38, recién desde setiembre de 2018. Aproximadamente a las 6:35 a.m. del 17 de abril, Alan García terminó de reflexionar sobre el futuro, se sentó en su cama y dejó sus últimas palabras en una carta que titulaba: “La razón de mi acto”.

– “Dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones; a mis compañeros una señal de orgullo, y mi cadáver como una muestra de mi desprecio a mis adversarios”

Estas líneas fueron leídas por sus hijos dos días después, en la Casa del Pueblo, cuando cobró protagonismo el menor: Federico Danton. Este joven que no llega a los 15 años fue el encargado de impedir que el expresidente Ollanta Humala, adversario político de su padre, ingresara a despedirlo.

Un arrebato que no sería aislado, pues él mismo se encargó de firmar su inscripción en el Partido Aprista Peruano sobre el ataúd del propio Alan García y decir una frase más política que de pérdida familiar:

– “Hay que hacer que este partido vuelva al gobierno de cualquier manera”.

Aunque muchos no creen en la muerte de Alan García, otros le envían homenajes y hasta declaran su acto como “digno y de honor”. Aquella madrugada del 17 de abril, el expresidente sabía que su acto había cuajado toda esa madrugada. Firmó su carta sin saber que tres horas después, a las 10 a.m. sus dirigentes clamarían fuera del hospital Casimiro Ulloa:

– ¡Ha muerto Alan García, viva el Perú!

Gerardo Cabrera Campos
Periodista del diario El Tiempo (Piura) desde el 2015; actualmente en el área digital. Ha recorrido países como Marruecos (África), España, Ecuador y Perú, escribiendo crónicas y reportajes. Amante del fútbol, viajes y fotografía. 26 años. Proyecto: revista de temas periodísticos. Blogger con www.sucesosdeldia.wordpress.com
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