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Análisis: Piñera y Pinochet: recuerdos de un pasado autoritario

Las expectativas por saber quién sería el próximo presidente chileno crecían cada vez más conforme se acercaba la fecha pactada para realizarse la segunda vuelta electoral. Los demoledores resultados obtenidos por Sebastián Piñera (54,58 %), ex presidente de Chile por la derecha entre los años 2010 y 2014, frente a Alejandro Guiller, un afamado periodista chileno y  representante de la agrupación oficialista de centroizquierda Nueva Mayoría,  demuestran que el viraje político regional a la derecha es una interesante variable desde la cual se pueden explicar las últimas elecciones, pero no es la única. El legado de Pinochet en Chile es una arista importante al momento de analizar la polarización ideológica- política del país sureño. En efecto, desde el fin de la dictadura militar, Chile sufrió una transformación ideológica sin precedentes, la cual dividió al país entre izquierda y derecha. Es decir, la herencia pinochetista influyó y continúa influyendo en la división ideológica del Chile contemporáneo.

Por ello, no es ninguna sorpresa afirmar que tras el retorno a la democracia en 1990, los esfuerzos continuos que realizó  la Junta Militar chilena por ideologizar a la población de acuerdo a valores nacionalistas, militaristas y tradicionales lograron su cometido. A su vez, el gobierno de Pinochet consiguió crear una narrativa donde colocaba a la izquierda como los enemigos de la nación y los calificaba como los responsables políticos por la crisis que acontecía. De esta manera, mediante la promoción de contenidos educativos que reivindicaban la grandeza militar la figura de Pinochet, la redefinición de los espacios urbanos y la represión hacia la izquierda, la configuración cultural chilena fue trastocada por los militares, quienes alcanzaron un apoyo importante a su proyecto político por una considerable parte de la población. Sin embargo, las continuas violaciones de derechos humanos y la represión incesante al mínimo atisbo de disidencia a las políticas de gobierno, conformaron los elementos necesarios para la aparición de una oposición política, que agrupaba a la izquierda en su mayoría, y polarizaba la situación del país en dos extremos.

Si bien el escenario de la segunda vuelta chilena demuestra y comprueba el viraje político que Latinoamérica ha dado en los últimos 3 años, el hecho que los principales candidatos fueran de bandas políticas tan distanciadas entre sí permite recrear un escenario polarizado que revive viejos fantasmas que aún rondan en la frágil memoria chilena. Sin la influencia notable de Pinochet en la cultura y política chilena, especialmente en la conformación de una derecha con un voto duro e ideológico, no sería posible explicar la victoria aplastante que tuvo Salvador Piñera este último domingo. En este contexto, cabe preguntarse si es que en un escenario polarizado ideológicamente, en la cual una de las partes se caracteriza por su falta de cohesión y unión, el recuerdo de un pasado autoritario y conservador podría inclinar la balanza en favor del grupo político que más se asemeje a este.

Joaquín Mejia
Estudiante de Derecho en la PUCP. Fiel seguidor de la música reggae peruano y un cinéfilo empedernido. Interesado en deportes, política y arte
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