CULTURA

Opinión: Reinvindicación del amor: La Unión Civil (IV)

Expansión

Somos testigos de cómo un modelo de familia, la hetero parental, representa desde hace varias décadas en nuestro país, el modelo hegemónico, consagrado y reconocido por el Derecho nacional (Arts. 4° y 5° de la Constitución y aun en cuerpos normativos como el Código Civil, en lo que a Derecho de Familia y Sucesorio se refiere) a fuerza de un pensamiento claramente influenciado, de un lado, por el tradicionalismo religioso y, de otro, por taras como el heteronormativismo, mismo que se define como la imposición del ideal heterosexual como norma jurídico-político-social en detrimento de quienes poseen una orientación sexual diversa. Y si como bien hemos acotado, una familia se conforma en puridad por los lazos socio-afectivos que unen a sus miembros, la desidia y manifiesta exclusión mostradas por la esfera Estatal, Gubernamental y Legal frente a la regulación adecuada de las uniones compuestas por parejas del mismo sexo se yergue como una falta patente a las máximas constitucionales de: 1) Autonomía de la voluntad (libertad de la persona), 2) Igualdad ante la ley y 3) Protección contra la discriminación en razón a la orientación sexual e identidad de género, toda vez que las parejas homosexuales en el Perú sufren de un total desamparo al ni siquiera contar con la posibilidad elemental de optar por un procedimiento legal que permita la formalización, publicidad, reconocimiento y protección jurídico-patrimonial de su relación (su familia), como sí pueden hacerlo las parejas constituyentes de un núcleo familiar heterosexual a través de figuras como el matrimonio y la unión de hecho, ambas señaladas expresamente en el Derecho nacional como instituciones exclusivas de las parejas conformadas por “un varón y una mujer”.

Estudiado desde los valores atemporales de la igualdad y la justicia que inspiran al Derecho, mismos que van ampliando su contenido con el transcurrir del tiempo, y teniendo en cuenta que los modelos de familia homoparental u homoafectiva representan, en la sociedad actual, una realidad social innegable que el ordenamiento jurídico no debe ni puede ignorar sino que debe atender; no habría impedimento alguno para que dos personas del mismo sexo que se aman y cuya voluntad es iniciar un proyecto de vida mancomunado, reconocido por el Estado conforme a su legítimo derecho ciudadano y a la dignidad humana, inicien una vida en común que posibilite su desarrollo a nivel individual y de pareja a través del goce de su libertad y de la adopción de responsabilidades que el ejercicio de esta conlleve para con los demás.

Tratar de evadir el tema por simple capricho de quienes, fundándose en motivos de índole político-confesionales, se muestran contrarios al reconocimiento de justos derechos que de forma arbitraria les han sido recortados, o bien, abiertamente negados a ciudadanos miembros de una  conjunto ciudadano marginado, subyugado, invisibilizado, desoído y discriminado; contradice el fin último del Derecho como instrumento dialéctico y dinámico que el hombre tiene a fin de regular lo acontecido en la sociedad y así poder garantizar un clima inclusivo de tolerancia, paz social y, por supuesto, donde el bien común sea una máxima concreta. Y es la figura jurídica de la Unión Civil la que se presenta como la alternativa que a corto plazo puede contribuir al reconocimiento de los derechos fundamentales otrora recortados, inaplicados o negados a todas y cada una de las parejas homosexuales que, a la fecha, viven en una injusta situación de precariedad si se les compara a las demás relaciones formales heterosexuales.

Tadeo Palacios Valverde
Piura, 1994. Escritor, ilustrador y amante de la literatura pulp. Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Piura. Sub director de la Revista Literaria “Malos Hábitos”.Lovecraftiano.
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