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Reseña: Fences – La cerca de la subordinación

The AV Club

Pocas veces el teatro contemporáneo es representado de manera fidedigna y profunda en el cine de manera que transmita casi la misma esencia que unos actores brindan en escena a través de una pantalla gigante. Fences es, quizás, uno de los mejores ejemplos del logro de esto adaptando una sensacional obra de August Wilson merecedora del Premio Pulitzer y apoyándose en dos gigantes como son Denzel Washington (quien también dirige la cinta) y Viola Davis quien brinda, en mi opinión, la mejor actuación de su carrera.

fences

La cinta en sí es compleja, pero la historia, al ser adaptación teatral, es lineal y se apoya en la potencia que Wilson le otorgó a sus personajes en este drama que nos cuenta la historia Troy Maxon (Denzel Washington) un hombre de más de 50 años que trabaja en el sistema de alcantarillado y cuya principal frustración en la vida fue no haber podido jugar béisbol de manera profesional debido a que la primera división del béisbol no admitía jugadores negros.

Maxon luchará, entonces, por conformarse con una vida humilde dedicada a su familia. No obstante, la frustración lo corroe privando de sus sueños a su hijo Cory (Jovan Adepo) y lo impulsa a buscar nuevas motivaciones que le llevan a tomar una decisión que cambiará a su familia para siempre.

Rose Lee (Viola Davis) su abnegada esposa es quien pone en orden y mantiene al margen la vida de Maxon y, en suma, personifica el soporte de una familia que se descompone por la rutina, por los sueños frustrados y por la sensación de estancamiento que persigue a todos los personajes.

Fences toma su nombre de la cerca que Maxon construye durante todo el filme y es, a su vez, una clara alegoría de lo que los personajes de esta película sienten: se sienten atrapados, estancados, en un hogar del que no hay salida. La cerca los mantiene unidos, pero los priva de sus sueños y los subordina a un hombre emocionalmente roto cuyo pasado nos permite entenderlo y empatizar con su sufrimiento.

Es importante resaltar la dirección de Washington quien, pese a contar con actores desconocidos — con la clara excepción de Davis — construye, durante las más de dos horas que dura el filme — eso sí, se pudo haber ahorrado unos treinta minutos —, de tal manera la historia que solo puede entenderse la familiaridad que siente con los mismos si se resalta el hecho de que tanto Davis como él han retratado en el teatro esta sensacional obra y ello hace que su interpretación en este filme se sienta único y familiar.

Por último, quisiera repasar en la crítica social del filme en un contexto de segregación racial en los años 50 de los Estados Unidos, y es que el guion de Wilson reivindica la vida llena de sueños frustrados de una generación que se vio impedida de alcanzarlos porque se hallaron en una subordinación por su color de piel; y, en el caso del personaje de Viola Davis la subordinación es doble porque además de lo ya dicho, es mujer y por tanto se ve obligada a asumir en silencio el dolor, la frustración y la carga que como soporte está obligada a llevar sin que su vida importe.

Fences, es, a fin de cuentas, una representación de una generación cercada por la sociedad y condenada a la frustración por una sociedad indiferente.

Mauricio Chereque L.
Estudiante de Literatura Hispánica en la PUCP. Es liberal, cinéfilo y desde que tiene memoria se ha visto leyendo un libro.
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