BOHEMIA

Opinión: Reivindicación del amor: La unión civil (II)

Antecedentes de la Unión Civil en el Perú

Las uniones entre personas del mismo sexo son tan antiguas como el género humano mismo. De esto último existe evidencia que abarca desde los primitivos conglomerados de seres humanos hasta el dominio dinástico de culturas tan distintas entre sí, como la China, India, Egipcia o Greco-romana.

En el caso del Antiguo Perú, tenemos el testimonio de cronistas como Pedro Cieza de León[1], quien narra cómo es que la práctica de lo que él denomina “sodomía” o “pecado nefando” tomaba lugar en algunas zonas de la región costa del Imperio Inca como parte de cultos a deidades de la fertilidad. De esto son evidencia fiel huacos ceremoniales moche en los que pueden verse representadas escenas sexuales entre varones y aun entre mujeres. En el ande en cambio, a tenor de Inca Garcilaso de la Vega, la situación era distinta toda vez que tales relaciones, e incluso convivencias, eran severamente castigadas por resultar oprobiosas al honor del incario.

Con el establecimiento de la colonia y la presencia de la “Santa Inquisición”, y hasta bien entrado el siglo XVIII, la homosexualidad se tenía por pecado mortal y, por tanto, fue cruelmente reprimida. Así, quienes diferían de los parámetros binarios de lo masculino y femenino fueron perseguidos, torturados y hasta asesinados de formas que rayan lo monstruoso, ya sea por el poder virreinal o por el poder eclesiástico a este último ligado.

Tras el advenimiento de la República, entre 1836-1837, la homosexualidad dejó de ser un ilícito penal y, por consiguiente, de castigarse con pena carcelaria. No obstante, esto no significó de modo alguno que las relaciones homoafectivas fuesen aceptadas por el ordenamiento jurídico, mucho menos por un grueso de la población que, incluso, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, la seguían considerando una patología médica cuyo tratamiento podía ir desde la inyección hormonal hasta las sesiones de electrochoques.

Cierto es que en las sociedades occidentales de hoy podemos hablar, en líneas generales, de una tolerancia relativamente mayor hacia la homosexualidad y las relaciones entre personas del mismo sexo que la mostrada en el pasado. Este hecho de ningún modo ha sido gratuito sino que es producto tanto de los esfuerzos de organizaciones de derechos humanos, médicas, gubernamentales, ONG y civiles, como de las jornadas de lucha a favor emprendidas por movimientos sociales, feministas, LGTBI desde la década de los 60 en adelante. Mas, debemos señalar que, como en aquel entonces, aún persiste el que ciertos sectores de la población se muestren abiertamente en contra del reconocimiento y registro de las uniones entre parejas del mismo sexo, siendo que, a la fecha, estas no se han producido legalmente en nuestro país[2] debido a prejuicios de toda índole, a la influencia de ciertas instituciones de postura de suyo conservadora en la ciudadanía[3], las que por desgracia siguen fomentando estereotipos dañinos —como el machismo—, y a la intromisión  de cultos religiosos, prelaturas u organizaciones eclesiásticas en la esfera de “lo público”, lo cual atenta directamente con la noción de Estado aconfesional, idónea y necesaria para la dación de políticas públicas avocadas a causar bienestar en la población sin que se hagan distingüendos negativos por razón de su sexo (diferencias biológicas, anatómicas y fisiológicas entre varones y mujeres); género (identidades,  funciones y atributos construidos socialmente de la mujer y el hombre. Puede coincidir o no con el sexo biológico); orientación sexual (capacidad innata de cada persona de sentir una profunda atracción emocional, afectiva y sexual por personas de un género distinto al suyo, o de su mismo género o de más de uno), identidad de género (vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, incluyendo la vivencia personal del cuerpo), etc.; y sin que, además, se hagan juicios de valoración maniqueos bajo los parámetros morales de una determinada confesión privada.

A pesar de lo antes dicho, en la última década se han obrado esfuerzos reconocibles por parte del Estado, esfuerzos que si bien resultan insuficientes ante la alarmante situación descrita para la comunidad LGTBI, tratan de paliar las consecuencias adversas de la marginalidad, discriminación y violencia que ha venido sufriendo de forma por demás arbitraria e injusta. Tales avances se reflejan en la promulgación de ordenanzas municipales y regionales que prohíben todo tipo de discriminación en entidades públicas y privadas (haciendo especial remisión a la prohibición de discriminar por orientación sexual e identidad de género); la producción de Sentencias que sientan un precedente vinculante en favor de la diversidad sexual por parte del Tribunal Constitucional, siendo la más reciente aquella que echa por tierra la errada noción de que el transexualismo es “una patología mental” y acertadamente reafirma el derecho a la identidad sexual en tanto que se facilita el proceso de cambio de género (STC N° 06040-2015-PA/TC); la implementación del Plan Nacional de Igualdad de Género (PLANIG) 2012–2017; así como la producción de iniciativas de sensibilización e inclusión  tales como la adopción de protocolos de salud y la penalización de la discriminación por razón de sexo, orientación sexual e identidad de género.

No obstante los avances conseguidos, las omisiones, deficiencias e inacciones son graves y las brechas entre quienes pueden construir una estructura familiar junto al ser amado y los que se ven impedidos a hacerlo, queda pendiente y a la espera de materializarse como es el destino final de las causas justas.

[1] Cieza de León, P. (2005) Crónicas del Perú. El señorío de los incas. Caracas, Venzuela: Fundación Biblioteca Ayacucho. p. 36

[2] En abril de 2015, la Comisión de Justicia del Congreso rechazó por segunda vez debatir el proyecto de unión civil entre personas del mismo sexo.

[3] Datum 9 de septiembre de 2016: el 65% de encuestados rechaza la unión civil mientras que solamente el 28% se muestra a favor. Un 7% no contestó.

Tadeo Palacios Valverde
Piura, 1994. Escritor, ilustrador y amante de la literatura pulp. Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Piura. Sub director de la Revista Literaria “Malos Hábitos”.Lovecraftiano.
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