BOHEMIA

El día que entendí Guernica

No me había atrevido a mencionar una obra de Picasso hasta hoy. Si me preguntan, después de ver centenares de obras del pintor malagueño, no había una sola que pudiera sacar cosas desde lo más profundo de mi ser. Es más, nunca imaginé que manchas negras, grises y blancas pudieran cavar en mi conciencia tan profundamente como ese día.

Despues de un piqueo de jamón serrano e ibérico acompañado de una “barra de pan” entré, bien acompañado, al museo Reina Sofía en Madrid. Para nuestra mala suerte habían varios espacios cerrados. Sin embargo, estaba demasiado entretenido con la buena colección de arte español en un palacio en excelentes condiciones.

Luego de un poco más de una hora, llegamos a una sala rectangular  grande y varias salas atrás ya me había enterado (por tomar una foto donde no debía) que no podría tener un registro personal. Avanzamos un poco más y llegamos a otra sala exactamente igual pero con muchas obras de Pablo Picasso. Dibujos, manchas y un poco más de cubismo. No era lo mejor que había visto de él y sinceramente tampoco les estaba prestando mucha atención.

Llegando a la mitad de la sala noté un portal donde muchas personas se estaban aglomerando. Sin pensarlo mucho me acerqué y todo pasó demasiado rápido. Me sentí como en About Time (2013) o en una película de Woody Allen. Luego me di media vuelta y empecé a respirar más rápido. Definitivamente me sonrojé y todo se volvió una película cliché cuando tome una gran bocanada de aire, di media vuelta y decidí echar más de un vistazo y entrar a la sala. Solo fue peor después de eso: perdí el aliento y automáticamente mis manos llegaron a mi boca para tapar una expresión de emoción, sorpresa y palabras que nunca salieron.

Simplemente lo entendí todo. En medio de casi un centenar de personas de todas partes del mundo y dos asistentes del museo, estaba parado frente a una obra maestra. Y entendí todo. La sala anterior era la antesala del lugar donde me encontraba y estaba llena de todos los bocetos, dibujos previos y apuntes.

Desde que estudié el renacimiento siempre dije que el día que me encontrara dentro de la capilla Sixtina lloraría de emoción pero no sucedió (esa es otra historia), sin embargo, esta obra me soprendió y me emocionó como nunca antes una pintura lo había hecho. Por un instante sentí que entendí a Picasso, entendí el dolor de la guerra, la desesperación y el horror. Fue triste, muy triste y a la vez muy personal. Al igual que muchos “vivos” pude haber aprovechado un descuido de las asistentes para tomar una foto pero ni siquiera lo intenté, la pintura no se lo merecía. Una imagen en mi pantalla no tenía oportunidad contra este momento. Y no quiero pedirle a la historia otra masacre que afecte a un artista para sentir lo mismo de nuevo.

Juan Pedro Baca
Egresado de Arte por la PUCP, pero artista desde los 4 años. Luego de dejar la carrera de Arquitectura por el Arte descubrió su vocación por la educación. Es enófilo apasionado y de grande quiere ser bombero.
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