BOHEMIA

Opinión: La madre más famosa del mundo antiguo

 (A propósito del Día de la Madre)

En el mundo antiguo no existió algo parecido a nuestro emotivo- y comercial- Día de la Madre (creado en EE.UU. por Ana Jarvis, hacia 1907) y el rol materno, aunque alabado en diversas culturas (los hebreos destacan en esto), no solía exaltarse públicamente: era una función natural (inevitable) y subordinada a la voluntad del esposo (Roma) o a los intereses de la sociedad (Esparta). La mujer era madre como el varón jefe omnímodo de la familia: así funcionaba y se entendía el mundo.

LA GRAN MADRE

Pero sí hubo una madre pour excellence. Una figura sublime- literalmente divina – que asumía para sus innumerables creyentes la función de progenitora y protectora: era la diosa Cibeles, llamada con énfasis “La Gran Madre”. Por estas identificaciones-fusiones tan comunes en la mitología grecorromana, la diosa  Artemisa (Diana para los romanos) fue asimilada a Cibeles, diosa de la fecundidad. Cibeles era representada en una estatua sorprendente que la mostraba de pie, solemne, coronada, de tez oscura (¿anunciando las futuras  “Vírgenes Negras” del medioevo?), dotada de muchos pechos para dejar patente su rol de madre sobrenatural. Y para afianzar este rasgo esencial del culto, los sacerdotes del templo tenían un mecanismo para que la estatua, hueca, derramara leche de sus pechos turgentes, causando el estupor de los adoradores.

El tempo de Artemisa-Cibeles estaba en Éfeso y fue una de las Siete Maravillas de la antigüedad: lo construyó el rey Creso (s. VI a.C.) y se enriqueció con el aporte de miles de devotos, de muchas procedencias. Pero el magnífico templo fue, sobre todo, punto de encuentro y meta de visitas religiosas: de Hispania (el “Finis Terrae”) hasta Asiria; de la frontera norte de Roma (Bárbaros), al calor abrazador de Egipto. Siglos antes de que Europa peregrinara a la actual España tras la tumba de Santiago (“Camino de Santiago”) las masas se dirigían, penosa pero confiadamente, hacia la Turquía de hoy para postrarse ante La Gran Madre.

ARTEMISA VS. PABLO

En los primerísimos tiempos del cristianismo la nueva fe tuvo como rivales poderosos a ciertos cultos esotéricos (Mitra, Orfeo, de Eleusis, etc.) y, sin duda, al poder de atracción de La Gran Madre. Pablo, el apóstol que llevo el cristianismo a los paganos, se topó en Éfeso con el culto de Artemisa-Cibeles y fue denunciado por los plateros que hacían miniaturas (souvenirs) del templo: la predicación de la extraña fe en aquel Jesús crucificado-resucitado les quitaba creyentes y clientes. El escándalo se volvió un motín (lo dirigía un tal Demetrio, demagogo comercial) y Pablo, más prudente que derrotado, tendrá que huir de Éfeso para salvar el pellejo.

Hoy ya no está la Gran Madre -dadora-de-lo-que-necesitamos-, ni esperamos una porque confiamos más en nuestros recursos y menos en la intervención de un ser nutricio y celestial. Pero- nadie lo duda -tenemos una verdadera Gran Madre en la mujer que- junto con nuestro viejo -nos dio la vida. Y si aquella mujer irreemplazable ya partió, siempre nos queda su recuerdo y esa convicción  de tenerla con nosotros, de alguna forma, en el templo de la memoria y de los afectos.

¡Feliz día, grandes madres!


Fuente de imagen: Google Images


Hernán Yamanaka
Lector obsesivo, conversador impenitente. Estudió educación, filosofía y teología.
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