BOHEMIA

Opinión: El testimonio de las imágenes

Poco se ha tenido en cuenta seriamente a los registros visuales —sean obras de arte, fotografías o publicidades— por los historiadores e historiadores del arte al momento de pensar en las fuentes a las cuales acudir para realizar determinadas investigaciones o pesquisas. No obstante, resulta enriquecedor escudriñar ciertas imágenes conservadas con admiración u olvido para quienes se proponen reconstruir íntegramente una época concreta, pues de ellas es posible obtener datos específicos que se les escapan a las convencionales fuentes escritas. En paralelismo con la literatura, las imágenes permiten acceder a aquello que el francés Balzac, en alusión a lo que significan también las novelas del realismo del siglo XIX, describía como “la historia privada de las naciones”. Y es veraz: tanto la literatura como, digamos, por ejemplificar un tipo de iconografía, la pintura, nos cuentan aquello que los documentos oficiales son incapaces de alcanzar —y que en el fondo es lo más humano—: la cotidianidad, la rutina, los estilos de vida, la vestimenta ordinaria, los curiosos rituales caseros o familiares, las costumbres más entrañables, en suma, la intimidad de la historia.

No nos precipitemos ni excitemos sobremanera: sí se trata de un giro visual de los estudios históricos pero es un proceso paulatino y de alguna manera aún se están fraguando las bases de una concepción más amplia de entender la historia; no podemos afirmar sin embargo que será un cambio radical —basta de radicalismos— sino de una modificación o apertura en el enfoque de los estudiosos que abre nuevos rumbos y cuya meta es canalizar la recepción histórica con mayor precisión. La retórica lingüística es imprescindible —la utilidad de las letras morirá el día del fin del mundo—, pero es encomiable que desde hace algunas décadas se le haya concedido atención a la retórica pictórica, pues en ella se halla probablemente información inédita y todo nuevo conocimiento añadido al ya adquirido torna más frondoso al árbol cultural de la humanidad.

Es indudable que las imágenes son transmisoras de ideas. En este sentido, se las ha utilizado frecuentemente con fines políticos. Asimismo, la política existe gracias a las imágenes o, mejor dicho, a simbolismos que suscitan un imaginario colectivo ideal de orden y poder. Los mandatarios, a lo largo de la historia, sabiéndolo o no, han dependido en buena medida de la iconografía para ascender a la gloria y mantenerse en ella. Interesante sería pensar en la política como una sucesión de simbolismos que subyugan a una determinada nación. Por supuesto, esto es complejo de comunicar con el lenguaje y es menester la contemplación reflexiva y crítica de los vestigios iconográficos para comprender el rol protagónico que ejercieron en las diversas civilizaciones, desde las preincaicas o egipcias.

Las representaciones iconográficas son útiles en potencia para múltiples disciplinas o ramas de la organización del estudio del mundo, la vida y el hombre en sus disímiles dimensiones. Además de poder ser objetos susceptibles de valor sentimental y monetario, y símbolos que sugieren la contemplación formal y estética por su relativa belleza, las imágenes son una huella detallada e indeleble del quehacer del hombre en su paso por su tiempo.

 

 

José Manuel Carneiro
Escritor. Bibliófilo. Estudiante de Humanidades de la Universidad de Piura.
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...
To Top