BOHEMIA

Opinión: Dos chibolos con (mala) suerte

RR

Nada era más peligroso e incierto que recibir la corona siendo niño. La minoría de edad obligaba a mantenerse en la inacción dejando el gobierno efectivo en manos de un regente: si se tenía suerte, la regencia caía en alguien confiable (la reina o emperatriz viuda, por ejemplo); si la suerte era adversa, la regencia la tenía algún noble o jefe militar ambicioso que haría lo posible por quedarse con el poder, sacando del camino al verdadero heredero. Aquí los más famosos casos romanos.

EL HIJO DE CÉSAR

Cesarión (47-30 a.C.) fue fruto de la breve relación entre Cleopatra VII, reina de Egipto, y Cayo Julio César, dictador de Roma (no “emperador” como dicen algunos adelantándose en años al uso del título). Julio César- quizá rendido por los célebres encantos de la reina, quizá por motivos egolátricos y políticos (“faraón”) -convivió con Cleopatra, fue su protector y socio. Luego de unos meses, César volvió a Roma: lo esperaban altas responsabilidades, una posible corona… y la muerte en los idus de marzo.  Cleopatra nombró a su hijo co-regente aunque, claro, el poder real lo ejercía ella; de Cesarión se hicieron, según la costumbre, estatuas y poco más. Años más tarde, cuando la pasión y la ambición juntaron a Cleopatra y Marco Antonio, ambos empezaron una guerra contra Octavio (hijo adoptivo de César) por el dominio del oriente cercano a Egipto. Octavio alistó sus legiones y los enfrentó, pues no le hacía mucha gracia ni la insurrección de la egipcia, ni la traición de Marco Antonio, ni que existiera en Alejandría un adolescente que se reclamara heredero del difunto dictador. Derrotados los amantes, Cesarión huye por indicación de su madre, mientras ella queda en Alejandría y opta por suicidarse antes que entregarse al victorioso Octavio. Desde aquí la Historia no se pone de acuerdo: una versión dice que Cesarión fue encontrado por Octavio camino a Alejandría y fue asesinado; la otra, que el chibolo- convencido por su tutor -volvió a la ciudad para ponerse en manos de Octavio, confianza que le costaría la cabeza.

En política, la ingenuidad se paga caro y un asesor perverso puede ser la ruina.

Cesarion

EL PEQUEÑO ÚLTIMO CÉSAR

Era el año 476. Orestes, general romano que había servido al huno Atila, dio un golpe de Estado contra el emperador. Julio Nepote- así se llamaba el soberano -no opuso resistencia y huyó a Rávena, entonces capital del Imperio (Nota: Roma hacía mucho era solo una ciudad de recuerdos y había perdido la capitalidad desde la época de Constantino, que la pasó a Constantinopla). Por alguna razón nunca aclarada, Orestes no asumió como emperador sino pasó la dignidad a su hijo, el pequeño y desconcertado Rómulo Augústulo (Augústulo: “El pequeño Augusto”, en un diminutivo despectivo).

Pero el poder del joven emperador fue breve- poco más de un año -y casi simbólico, apenas ajustado para acuñar monedas con la efigie del chibolo. Juegos geopolíticos hicieron que Odoacro, rey de los Hérulos y voz de los bárbaros ya asentados en Roma, impusiera la renuncia del pequeño César: el 4 de setiembre, día de la abdicación, se tiene como fecha de la caída del Imperio romano (de Occidente). Depuesto, el joven Rómulo Augústulo salvó la vida por compasión de Odoacro y vivió un exilio dorado en la región de Campania, luego la Historia lo olvidó por completo. Es muy curioso- y simbólico -que el último emperador de Roma llevara los nombres del fundador (Rómulo) y del primer emperador (Augusto). Con la corona, Rómulo perdió la inocencia, al padre (Orestes fue ejecutado) y la futura tranquilidad por una libertad siempre vigilada.

Como muchos, Rómulo Augústulo solo fue títere en un juego que hacían otros.

RomulusAugustus

Fuente de imágenes: Google Images

 

 

 

Hernán Yamanaka
Lector obsesivo, conversador impenitente. Estudió educación, filosofía y teología.
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...
To Top