CULTURA

Opinión: ¿Cómo disfrutar de la música clásica?

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En Buenos Aires, ciudad de la cultura como la llaman algunos, hay una serie de conciertos gratuitos a la semana. Muchos de estos son -por suerte para los que nos gustan el sonido de los instrumentos al unísono- de música clásica. Cada concierto cuenta con una variedad de repertorios bien armados y algunos conciertos son de tríos, otros de cuartetos y hasta de orquestas completas.

El pasado jueves (20 de abril) asistí a uno en el Centro Cultural Kirchner, donde se presentó la Orquesta Filarmónica de Mendoza e interpretó Tres Movimientos Tanguísticos porteños de Astor Piazzolla; Concierto para cello y orquesta en si menor, op. 104, de Antonin Dvorák y, por último, la Sinfonía n. 9 en mi menor, op. 95 “Sinfonía del Nuevo Mundo” del mismo compositor. Noté en el público cierta desconformidad, sobre todo cuando el director alzaba la mano en un gesto de silencio hacia los presentes. Además algunos se retiraban de la sala comentando sigilosamente a sus compañeros que esto no era lo que esperaban, que la música iba muy lento, que se dormían, que esto era para viejos.

¡No! La música clásica no es para viejos, es para todos; pero, a diferencia del rock donde alzas la mano y mueves la cabeza de un lado al otro o del flamenco, donde mueves el cuerpo al ritmo de la guitarra, la música académica se disfruta de una manera distinta.

Lo primero es estar atento al sonido que nos llega y tratar, para no aburrirse (palabra detestable para el tema), de identificar cada instrumento que suena. Se debe conocer los tiempos que se usan en cada partitura para estar preparados a lo que viene. Me explico: el primer movimiento -las sinfonía se separan entre movimientos- de la novena de Dvorák es rápido, con intervenciones estridentes de los instrumentos de viento. Pero si pasamos al segundo movimiento, compuesto en Largo nos daremos cuenta que es algo opuesto a lo que escuchábamos. Así están compuestas las sinfonías, con movimientos rápidos, furiosos y luego con algunos lentos al punto –soy testigo de estas ocurrencias- de hacernos cerrar los ojos y dejarnos dormir por un momento.

Es importante saber que entre los movimientos no se aplaude… ¿por qué? Una vez le pregunté esto a un director de orquesta y su respuesta fue simple: por dos motivos, el primero es para que tanto los músicos como el directos no se distraigan de la labor, y el segundo es porque la obra se divide, pero no acaba sino hasta el final (como es obvio) y por ello, se aplaude recién ahí. Recomiendo contar los movimientos. Si son 3, entonces luego de 2 pausas se aplaude. Si son 4, entonces luego de 3. Esto hará que se pueda disfrutas muchísimo más de la pieza.

Pero fuera del protocolo de los tiempos, los movimientos y otros muchísimos más, lo más importante al asistir a un concierto de música clásica es: ¡Escuchar! ¡Escuchar! ¡Escuchar! Si no se escucha con atención, si no se le otorga el tiempo necesario para ver a la orquesta, al director y oír los sonidos que emite cada instrumento, formando una composición, entonces estaremos perdiendo el tiempo sentados en el teatro.

La música académica se debe escuchar a fondo, en totalidad. Sólo así se podrá sentir algo, podremos notar como nuestra alma se llena de esa paz que nos invade.

Les comparto un video que grabé -pidiendo permiso- la noche del 20. Es el inicio del cuarto movimiento de la novena de Dvorák. 

Eduardo Bronstein
Escritor nocturno, apasionado por la música clásica y el buen cine. Autor del libro “Quince Cuentos de Largas Noches”.
En las redes (Twitter e Instagram): @edubronstein
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