BOHEMIA

Opinión: Bienvenidos sean los topos

Revista Escenarios

Hace un par de semanas se volvió a presentar “Simón, el topo” en el teatro La Plaza. Fue una única función, cuyo objetivo era recaudar fondos para que esta historia puede presentarse en Chile y Argentina. Bienvenido siempre el éxito de las producciones nacionales y que los jóvenes responsables de ello puedan exponer en otros países su gran talento y, sobre todo, un valiente mensaje contra la homofobia. Pero, como dijo el mismo director, Alejandro Clavier (28), al público ese día, es en Perú donde más se necesita contar la historia de Simón.

La obra está basada en libro del mismo nombre y es de la autora Carmen de Manuel. Simón es un topo de diez años que se cansa haciendo ejercicios y al que le repele la idea de cazar a las pobres lombrices para luego comérselas, como lo haría un topo común. El tierno animalito prefiere cantar, jugar con las mariposas y cuidar de ellas, lo que preocupa a su padre porque no se ajusta a su idea de lo que debe ser un “niño” topo.

Simón es, claro, si de humanos estuviésemos hablando, un niño homosexual. No solo porque le gusten las mariposas, sino por una serie de códigos y detalles que nos da la historia conforme avanza. Es un niño que se enamora sin temor y, como a veces sucede, encuentra en un primer momento mucho más entendimiento en su madre que en su padre.

Los títeres que representan a los topos son muy tiernos y divertidos, sobre todo Makiwiwi, la hermanita de Simón, quien no de casualidad es su antítesis al ser una “niña” topo muy traviesa y que le gusta morder a las mariposas. La creatividad de los realizadores es infinita, pues con una mesa y algunos pocos implementos muestran lo que viven los personajes en la superficie y en sus madrigueras. Con lindas canciones y con la lengua “toponés”, estamos frente a una puesta valiente que les habla a los niños sobre bullying y a los padres sobre a aceptar, apoyar y celebrar a los niños en su diversidad.

“Simón, el topo” debería continuar en cartelera en Perú y tener el apoyo para que la gira sea, además de en el extranjero, en otras ciudades del país. Más historias como la de Simón deberían representarse en televisión, contarse en las radios y, por supuesto, en las redes sociales.

Los padres no deben temer a este tipo de obras. ¡Qué los niños son muchos más astutos de lo que suelen pensar los adultos! Los grandes tienen que comprender que el verbo “homosexualizar” no existe y que su uso, además de atentar contra el lenguaje, es una estrategia de manipulación y de miedo. No han de hacer caso a esos grupos que, en supuesta defensa de la moral y de la familia, ejercen la violencia contra los propios niños que se expresan más allá de lo que su limitada razón les permite entender. Los niños como Simón existen y que sean bienvenidos.

Diego Ato
Comunicador por la Universidad de Piura. Especialista en gestión de proyectos de formación política. Interesado en temas de género y en sociedades cerradas latinoamericanas. Escribe cuentos de terror e infantiles.
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