BOHEMIA

Opinión: Lima histórica ¿Pronto “historia”?

Lima es “Patrimonio cultural de la humanidad” (UNESCO, 1991), aunque la distinción solo comprende parte de la zona antigua, delimitada por las avenidas Tacna, Nicolás de Piérola, Abancay (con proyección hacia una zona de Barrios Altos) y el sector del Rímac cercano a la plaza de Acho y la Alameda de los Descalzos. El “centro histórico” se extiende un poco más: es el espacio generalmente conocido como “centro de Lima”.

LAS DOS PLAZAS

La capital del Perú- como pocas ciudades del mundo -contiene edificios de sus tres etapas históricas: prehispánica (huacas), colonial (casonas, templos, lugares públicos) y republicana (destacando las construcciones de estilo europeo, de inicios del siglo XX). Ejemplos de esta última tendencia son dos plazas céntricas: la Dos de Mayo y la Bolognesi, ambas en el límite de Lima histórica.

La plaza Dos de Mayo- y la hermosa columna de mármol que la preside – celebran la victoria en el combate de 1866, último intento de España por retomar sus colonias en América. El diseño original, marcadamente francés, recibió algunas modificaciones finales por Ricardo Malachowski., arquitecto de origen polaco que en Lima fue autor de notables edificios, incluyendo el nuevo Palacio de Gobierno (1936). De ser residencia de familias adineradas y lugar de paseo y encuentro, la plaza fue convirtiéndose en espacio de academias de música, partidos políticos, comercio ambulatorio y “consultorios esotéricos”.

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La Plaza Bolognesi está a pocas cuadras de la anterior, siguiendo en línea recta la avenida Alfonso Ugarte (son un “eje”). Inaugurada a inicios del siglo XX, su estilo es republicano-afrancesado y custodia, en el óvalo central, el monumento al coronel Francisco Bolognesi. La plaza es escenario anual de la “Jura de la bandera”, ceremonia en la que militares y autoridades de la nación renuevan el juramento de fidelidad a la patria. Ambas plazas son lugares de altísimo tránsito  y, como se ve, altares cívicos.

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Pero estos lugares, a pesar de su belleza e importancia, están cayendo a pedazos (como gran parte del centro histórico). ¿Causas? Varias, la mayoría previsibles o controlables: hacinamiento (muchos pequeños negocios, algunos clandestinos), falta de mantenimiento (humedad, malas conexiones eléctricas, ausencia de extintores, poca limpieza, etc.), dificultades por la propiedad (dueño inubicable, varios que no se ponen de acuerdo, etc.) y, cómo no, autoridades que no hacen cumplir las normas y regulaciones. Los edificios afectados son como cadáveres impúdicos de algo otrora espléndido, casi proclamando la destrucción y la inacción como cosas ejemplares.

¿QUÉ HACER?

No parece existir decisión para reconstruir y prevenir, todo queda empantanado por discusiones entre organismos de gobierno y la incuria de propietarios e inquilinos. En otras ciudades esto sería imposible, porque el patrimonio histórico se valora como parte de la identidad colectiva, memoria e inspiración comunes: se preserva o se reconstruye sin miramientos. Ejemplos hay incontables: solo cito la reconstrucción del domo (cúpula) de la catedral de Salzburgo (la ciudad de Mozart) tras ser completamente destruido en la Segunda Guerra Mundial; empresa dificilísima, costosa, lenta, pero concluida a satisfacción (*). Porque cuando se quiere, se hace. ¿Dinero? Siempre faltará, pero se consigue (aumento del presupuesto público, colaboración internacional, mecenazgo, etc.). Lima es una megalópolis y tiene muchos problemas que resolver, sobre todo el tránsito caótico y la progresiva inseguridad, pero esas urgencias no deben distraer el mantenimiento de la herencia arquitectónica.  El problema es la desidia, la falta de visión, la burocracia. ¿Alguien reaccionará antes que Lima histórica solo sea “historia”?


Fuente de imágenes: Wikipedia / static.panoramio.com

Hernán Yamanaka
Lector obsesivo, conversador impenitente. Estudió educación, filosofía y teología.
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