CULTURA

Opinión: John Cage y la redifinición del concepto de música

“Esto no es música”, una frase ardua y neciamente repetida desde el romanticismo hasta nuestros días. Ya Beethoven recibió varias críticas de sus contemporáneos aludiendo a su nueva forma de hacer música como “ruido” (obviamente en el sentido peyorativo del término). Esto no lo parece ahora por nuestra distancia histórica y por cuanto han calado las revoluciones estéticas que incorporó Beethoven en su música. Esto es interesante porque los siglos XIX y XX fueron, así como en el resto de dimensiones de la sociedad occidental, momentos de intensa transformación de las prácticas musicales hasta llegar al punto de redefinir lo que es música. Pero, hagamos esta frase de otras maneras: “¿qué es música?”, “¿qué es un músico?”, “¿Cuál es el propósito de la música?” “¿Cuál es el rol del compositor?”. Estas preguntas son importantes a la hora de entrar a la obra de John Cage ya que este llega a definiciones y reelaboraciones radicales de estos términos que (en sintonía con algunos de sus contemporáneos) llevan el modernismo en la música a su máxima expresión y a un agotamiento radical. Así, con John Cage atendemos a la unión de sonido y silencio, música y ruido.

Cage entra al ámbito de la música académica en el momento en que las revoluciones estéticas de Arnold Schoenberg ya estaban volviéndose canónicas dentro de la academia. Schoenberg emancipó las disonancias en la música planteando un nuevo sistema de organización de tonos que desbarataba por completo los desarrollos de los tres siglos anteriores a él. Es decir, planteó la primera alternativa sistemática al sistema tonal: la dodecafonía. Ahora, esta era una revolución en el ámbito armónico, pero dejaba intactos muchos elementos tradicionales de una composición, como la instrumentación, la estructura, y el ritmo. Si Schoenberg emancipó las disonancias en la música, Cage vino a emancipar el ruido.

Hasta Cage, la dimensión fundamental de una composición de la tradición académica era la altura (la relación entre tonos). Cage hizo un giro radical y planteó el tiempo como elemento fundamental para la organización de sus piezas musicales. La lógica es clara dado que todo evento sonoro, independientemente de si se considere tradicionalmente como musical, como ruido, o como silencio, se da en el tiempo. Esto abre las puertas a la utilización de sonidos e instrumentos muy alejados de una orquesta sinfónica. Si nos regimos por el tiempo, cualquier tipo de sonido puede entrar en la obra. Por ello Cage comienza a explorar los sonidos de objetos cotidianos e incluso hace toda una composición a partir de objetos “no musicales” y un piano (Water Walk).

Water Walk:

La máxima expresión de esto es su obra más famosa: 4’33”. Esta pieza consiste en 4 minutos y 33 segundos de silencio en el cual el intérprete no hace absolutamente nada en el escenario. En tal caso, la pieza constituye de los sonidos que suceden en el ambiente, un momento de radical estetización de la naturaleza entera. Es como una ventana de tiempo en la que la obra musical es la realidad entera. En esta pieza vemos la unión total entre música y ruido, sonido y silencio, arte y vida.

4’33”:

Si bien muchos pueden considerar que esta música es muy conceptual e intelectual, cabe recordar que este tipo de reflexiones y obras han calado profundo en la forma de hacer música. La obra de John Cage en especial ha abierto muchas puertas a las formas de hacer música y a considerar lo que puede ser música. Ha sido una propuesta radical que ha contribuido a que hoy tengamos las múltiples herramientas que tenemos para hacer música.

 

Fuente de imagen: Google Images

Carlos Andrés Ortega
Interesado en música y arte sonoro. Es músico y compositor. Cuenta con una trayectoria en bandas como “La Escena” o “Grupo Miel” y en su proyecto solista de música experimental. Actualmente se encuentra terminando sus estudios en la PUCP en la carrera de Estudios Teóricos y Críticos de la facultad de Humanidades.
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