BOHEMIA

Reseña: “Los peligros de fumar en la cama” de Mariana Enriquez

El mayor peligro al acabar de leer este libro es que uno termina pensando que el terror que encierran sus páginas puede ocurrir en nuestra realidad. Doce relatos donde el miedo se materializa en situaciones grotescas e impactantes. Capaces de consternar al lector por la crudeza y frialdad con las que son narradas diversas escenas, evocando los mejores cuentos de terror.

La literatura que emana de este libro no tiene por qué ser marginada tan sólo por el absurdo supuesto de que las historias de terror están bien para ser contadas a los niños de la casa pero no para ser leídas por un adulto. Un buen relato escalofriante es capaz de hacer zozobrar a cualquier lector como lo demostró Poe. Y si de algo se han encargado varios escritores argentinos es de demostrarnos ello, generación tras generación.

Mariana Enriquez pertenece a ese selecto grupo de autores, con el talento de crear atmósferas en las que somos capaces, por ejemplo, de imaginarnos deambulando por las calles de Buenos Aires o Barcelona, alertas por si aparece algún viejo con un carrito o una extraña niña rapada llena de cicatrices. Atmósferas donde también se percibe lo asfixiante que puede ser crecer en una sociedad aún herida por los efectos devastadores de una dictadura como la argentina. Familias cada vez más aisladas de otras y cuyos miembros también se sienten como islas dentro de las mismas. Jóvenes hiriéndose a sí mismos para sentir algo real en sus vidas. Medios de comunicación inmiscuyéndose en las tragedias personales como buitres vigilando su carroña. Muertes que no son más que la trágica señal de su presencia constante alrededor de nosotros. Nadie está a salvo es lo que parece indicarnos Enriquez en sus ficciones.

Sangre, mutilaciones, fantasmas, demonios, cadáveres. Piense en algo que tema. Lo más probable es que esté en este libro.

El desentierro de la Angelita

La protagonista de este cuento dice en algún momento lo siguiente: La primera vez que apareció creí que soñaba y traté de despertarme de la pesadilla; cuando no pude y empecé a entender que era real, grité y lloré y me tapé con las sábanas, los ojos cerrados fuerte y las manos tapando los oídos para no escucharla. Y es que hay secretos que, literalmente, es mejor no desenterrar pues pueden desencadenar una pesadilla de la que no hay forma de despertarse. Una abuela que se aterra cada que llueve pues en cada gota cayendo se esconde el sonido de la furia del pasado. Una niña aburrida que tortura gusanos cortándolos en pedacitos (Me parecía que si picaba bien a la lombriz, como a una cebolla, sin dejar contacto alguno entre los anillos, no iba a poder reconstruirse. Nunca me gustaron los bichos). Un ser deforme y grotesco que irrumpe y atormenta la rutinaria vida de una mujer, que termina por acostumbrarse a ello, concluyendo que al final son algunos de los vivos mucho más temibles que los muertos. ¿Qué secreto se esconde en los cimientos de nuestros hogares?

La virgen de la tosquera

En la vida real, pocas cosas son tan terroríficas como un los celos de una mujer. Y sí es el de varias, es mejor comprar un pasaje de avión y huir lejos, muy lejos. Un grupo de chicas se obsesionan con Diego, un chico que siempre sale con ellos. Pero él parece hacerle caso sólo a Silvia. Ella es la chica que siempre han envidiado. Tiene buen trabajo y siempre sabe más que ellas. Y encima les quita al hombre de sus deseos. Deseos que son incapaces de contener, llevándolas a maquinar peligrosos planes. La oscuridad irá apoderándose, sin nada que se pueda hacer para detenerla.

El carrito

Un viejo harapiento llega al barrio empujando un carrito. Súbitamente, se baja los pantalones y se caga así sin más. Algunos reaccionan mal. Gritan, insultan, amenazan. Lo expulsan y este se va. Pero allí sigue el carrito del viejo en medio de la calle. Como una metáfora de lo más execrable a lo que puede llegar una comunidad compuesta por seres incapaces de ver sus propios defectos pero que tienen un ojo clínico para notar los de otros. No tardará en caer una maldición en el barrio que diezmará cualquier atisbo de razón en sus miembros. Pero para ese momento, ya habremos empezado a dudar si lo que daba más asco era la mierda del viejo o los corazones de quienes lo despreciaron.

El aljibe

Ese día el cielo estaba nublado, pero el calor era pesado, como siempre en Corrientes antes de una tormenta. Los secretos más oscuros de una familia son expuestos en este relato. Secretos conectados con males como el egoísmo y la cobardía. Viejos demonios a los que una mujer que toda la vida ha convivido con el miedo debe enfrentarse si quiere dejar de padecer una existencia que es peor que la muerte. La figura de lo fantástico no es más que un soporte para resaltar lo podrido de algunos espíritus.

Rambla Triste

La barbarie circula por Barcelona como un virus que infesta cualquier rezago de civilización. El olor intenso de un pasado que se resiste a ser olvidado y aparece para dar señas de que el terror de sobrevivir en una ciudad puede ser más aplastante que el de muchos libros de ficción. La locura empieza a instalarse como un modo de vida común. (A veces pienso que los locos no son personas, no son reales. Serían como encarnaciones de la locura de la ciudad, válvulas de escape).Las crisis urbanas de nuestros tiempos juntos con males aberrantes como la pedofilia son retratados en esta historia dejando una huella de tristeza difícil de olvidar, mientras no sabemos si los protagonistas de este cuento serán capaces de sobrevivir por más tiempo.

El mirador

Esperaba que cada verano fuera el último, y pasaba cada vez más tiempo en el mirador, adonde apenas llegaba el rumor de los vivos, que ella sabía imitar tan bien, pero no comprendía. Fantasmas, depresión, una chica que recorre la vida como si estuviese  muerta. Es difícil explicar la trama de este cuento sin revelar alguna señal del desenlace, al que somos conducidos por voces que parecen susurrarnos sus penas al oído.

¿Dónde estás corazón?

Perversiones y fetichismos sexuales son narrados aquí sin ningún temor ni tabú que impida a la autora explayarse en la historia de una chica obsesionada con los latidos de un corazón. Una forma de asumir lo cercano de una muerte, para nada normal. La soledad de una obsesión que raya en la locura retratada de una manera más que genial. La entrega completa al goce de una protagonista que podría fácilmente tomar el rostro de cualquier chica que veamos en  la calle. Y un final deliciosamente escalofriante que corona uno de los mejores cuentos de este libro.

Carne

Este relato puede convivir sin ningún temor al lado de Las ménades  de Julio Cortázar. El fanatismo por una estrella de rock  llevado a extremos de cine gore. Dos chicas abandonadas a la sinrazón. Una figura mítica capaz de  conducir a una legión de personas al abismo de la desesperación. Y lo más macabro: los medios de comunicación peleándose por el último vestigio de privacidad de las estrellas de turno.  Carnes es comida. Carne es muerte. Ustedes sabes cuál es el futuro. ¿Suena conocido?

Ni cumpleaños ni bautismo

La obsesión audiovisual de nuestros tiempos sirve para sacar a la luz los más sórdidos instintos seres que se ocultan en la sombra de la ciudad. Seres que han caído en la desmoralización y se dejan llevar por sus perversiones. Voyeurismo, pedofilia, posesiones demoniacas. Todo registrado en una cámara, que enfoca sin atenuantes lo más sucio de los seres humanos y a la que accedemos gracias a Enriquez.

Chicos que faltan

En este caso, se privilegia la idea de usar los recursos de una ficción fantástica para potenciar las sensaciones de angustia y dolor que provocan la desaparición de un ser querido. En eso piensa uno mientras recorre los párrafos hacia un final desolador que parece pronosticar la desaparición del mundo que conocemos. Y es que cuando se llega a ese límite, cuando no queda más lugar para las almas, empiezan a volver a este mundo. Esa vuelta es el anuncio del fin del mundo, en realidad.

Los peligros de fumar en la cama

Una atmósfera enrarecida rodea al relato que presta su título al libro. Tóxica, dañina. En sus pocas páginas, somos capaces de comprender que hay dolores incapaces de sobrellevar y que es mejor que nos caiga un cielo de fuego y ceniza a seguir insistiendo en una existencia que sólo causa daño.

Cuando hablábamos con los muertos

Jóvenes transgrediendo  las leyes de lo físico. Un juego de ouija como puente que comunica dos mundos paralelos. Los temores y debilidades de la adolescencia. Y un intento por darle voz a los que desaparecieron de nuestras vidas. Un magnífico final para cerrar las páginas de este libro, y sentir que hemos sido testigo de doce actos de una ópera macabra y atrapante.

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Sebastián Uribe
24 años. Economista de la Universidad de Piura y administrador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estuvo en el curso de Economía del BCR. Ha publicado reseñas en El Dominical, El Roommate y Solo Tempestad. Su blog personal es “Un perro romántico”. En la actualidad anda buscando espacio para sus libros.
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