ARQUEOLOGÍA

Gustavo Flórez Salcedo: “Tenemos que hacer una arqueología menos plana y un patrimonio mucho más amigable”.

foto florez

Gustavo Flórez Salcedo es un joven antropólogo peruano, de larga filiación norteña, quien ha venido desarrollando una serie de trabajos verdaderamente interesantes, y es que Flórez ha querido llevar su labor más allá de la propia investigación y ha apostado también por convertir a esta última en una herramienta para la formulación de proyectos culturales que permitan el desarrollo de las comunidades, en especial de las que actualmente habitan la costa norte del Perú. Este chiclayano, radicado ahora mismo en Barcelona, sigue nutriéndose de más experiencias e incrementando su visión sobre las diversas maneras de gestionar y poner en valor el patrimonio cultural. Tuvimos oportunidad de conversar con él. Aquí la entrevista completa:

1.- ¿Cómo nació tu interés por la antropología?

En verdad no supe qué era la Antropología hasta que estaba en la universidad, me fui interesando por esa ciencia social conforme llevaba otros cursos como Historia o Sociología y me iba gustado la idea de entender al otro y a otras sociedades. Era interesante ponerte en los zapatos de otros y entender otra perspectiva. Además, de pequeño me gustaba la idea de ser arqueólogo, pero, por otro lado, siempre me llamó más la idea de trabajar con gente, que simplemente con objetos, que es otro tipo de pasión. Me decidí como al año y medio de estar en la universidad que quería llevar eso y en el último ciclo de estudios generales llevé el curso de introducción a la Antropología, para confirmar que era lo mío y afortunadamente acerté; supongo que es una suerte que no muchos tienen. Volví un poco a la Arqueología, pero siempre mirándolo desde la gente, que es lo que me ha logrado aportar esta perspectiva de antropólogo.

2.- Uno de los temas que más ha llamado tu atención a lo largo de los años es precisamente la huaquería en la costa norte del Perú. ¿Por qué este tema en particular?

Mi conexión por la huaquería tiene motivos muy personales, mi abuela trabajó con parte de la familia de los Aurich, que fue una familia de huaqueros famosos de la costa norte del Perú. Mi papá llegó a conocer a algunos de los hermanos Aurich, los trataba de tíos; aunque no eran familia y tampoco es que fueran tan cercanos, pero tuvieron sus momentos. Yo nunca los conocí personalmente, pero conocí algo de este vínculo a través de las historias familiares.

Por otro lado, yo de pequeño trabajaba con mi papá en el campo, en las cooperativas azucareras, me vinculaba con gente de entorno rural y en este paisaje de campo las huacas también estaban. Cuando yo era pequeño, estaba el boom de Sipán, mi papá me llevaba a Huaca Rajada, y luego a todos estos sitios donde había huacas, yo escuchaba las historias de huaqueros y lo que más me gustaban eran estas historias de grandes tesoros, pero también de maldiciones y de fortuna en torno a la huaca, que era muy bonito porque tenía elementos del realismo mágico, un mundo bastante concreto pero encantado, que también lo tiene todo este patrimonio oral, del que quizás se habla muy poco desde la arqueología, pero que es algo muy característicos de estas sociedades de la coste norte.

Y si lo analizas en términos de hoy en día, también es un debate bastante relevante con preguntas como ¿A quién le pertenece el patrimonio? ¿Qué interpretación es la que más vale? Y te pone al día en este gran debate que hubo desde los 90 sobre las poblaciones locales: ¿Son gente ignorante porque no cuida el patrimonio o estamos chocando con visiones distintas y tenemos que entrar menos agresivamente y no con esta autoridad con la que entraron algunos arqueólogos al campo y que generó tantos problemas en su momento?

 

3.- Tu vida profesional ha estado ligada al Museo Nacional Sicán, institución que ya es emblemática. ¿Cómo fue tu proceso de acercamiento a dicha entidad?

Fue un poco por casualidad y un poco porque me lo busqué durante mi tesis, mi tesis es sobre el caso de Batán Grande y la huaquería en esa zona, y al Museo Sicán le corresponde esa jurisdicción, por lo que fue una de las primeras instituciones a las que me acerqué para preguntar sobre el tema. Tengo una anécdota allí: Al inicio se me dijo que el tema resultaría complicado, pues muchos de los “huaqueros viejos” ya habían fallecido o ya estaban bastante mayores; sin embargo, luego fui descubriendo que el huaqueo no es algo que quedó en esa época y que muchas de las historias seguían, había una tradición oral muy fuerte. Por otro lado, entre que iba y venía al campo, siempre me cruzaba con Carlos Elera, el director del museo, se fue creando una relación bastante continua con el equipo. En algún momento hubo la oportunidad de formar un equipo interdisciplinario y fue cuando Carlos me llamó como antropólogo en el museo, terminé aportando la vena más social al museo, viendo proyectos de educación y temas de desarrollo y relación con la comunidad.

4.- ¿Cómo ves el panorama de los proyectos de gestión patrimonial en el norte del Perú, especialmente los que inciden directamente el desarrollo de las poblaciones rurales? ¿Se está avanzando considerablemente?

El norte del Perú ha avanzado muchísimo, desde los años 80 viene este movimiento de museos, de investigación, de puesta en valor que ha posicionado a todo el norte como destino turístico importante en Perú. No compite con Cuzco ni con Nazca, pero aun así es importante y lo más curioso es que es un punto de turismo nacional bastante bien consolidado; lo que habla de un movimiento económico muy bueno, porque un turismo nacional hace que el dinero se reinvierta en la localidad y eso influye en el desarrollo de manera más positiva.

También genera esta dinámica de ir a conocer los sitios arqueológicos en la misma población local, lo cual es importante. Se ha avanzado mucho, pero ahora toca dar un siguiente paso, que ya se ha venido intentando: El vínculo con las comunidades locales y un desarrollo local que se basa en la puesta en valor de este patrimonio tiene que ser encaminado de forma a más fuerte, los museos son una gran plataforma, pero hace falta un involucramiento mucho más fuerte de instituciones públicas y no solo hablo de los museos, sino también de universidades y otras entidades. Obviamente también el sector privado, universidades privadas y también empresas, que es algo que no se ve mucho, porque se piensa que el patrimonio es responsabilidad del Estado, lo cual es solo la mitad de cierto, pues el sector privado puede aportar mucho, así como el involucramiento de la comunidad. Creo que estamos justo en el punto de darle un gran despegue a este tipo de actividades, los museos ya han dado un primer gran paso, pero solos no pueden hacerlo.

5.- En 2015 participaste en la Academia de Desarrollo rural de la CIF-OIT, que tuvo lugar en Turín, Italia. ¿Podrías contarnos un poco sobre esta experiencia?

Fue un curso, en el que nos acercamos a una perspectiva del desarrollo rural mucho más amplia, y lo bonito de esta experiencia fue ver el contexto latinoamericano en comparación con otros países y también con gente de otros continentes, ver a qué nivel iban los distintos países, cuáles eran las problemáticas que compartíamos o que nos hacían diferentes. Me permitió conocer bastantes dinámicas que luego se pueden pensar y aplicar a temas patrimoniales. Vimos experiencias de agroturismo y otra serie de emprendimientos.

6.- Ahora que precisamente estás continuando con tu postgrado, en una ciudad tan cosmopolita como Barcelona. ¿Cuáles son tus expectativas sobre esta experiencia?

La idea de venir a Barcelona es justamente aprender del contexto europeo, un contexto patrimonial con condiciones distintas, no como modelo de gestión del patrimonio o de puesta en valor repetibles como formulas, sino como guiños de los cuales tomar las mejores cosas y luego aplicarlas a tu contexto. Barcelona tiene un montón de culturas vibrantes, pero en mi grupo de postgrado somos muchos latinoamericanos, entonces, eso también es muy rico porque te deja ver distintas realidades de un contexto que se pensaría que es el mismo, pero en realidad es muy distinto, porque cada país es un micro universo dentro de otro micro universo.

 

7.- ¿Qué otros temas te gustarían abordar en el futuro?  

Hay varios temas que me interesan, por ejemplo, la cuestión educativa en los museos, tenemos museos muy bonitos pero que de repente son demasiado científicos y necesitamos llegar más a la gente local y no quedarnos cómodos con el público que ya va al museo, sino justamente con las personas que no van a los museos, aquí la educación es muy importante. Hay que cambiar este chic de la arqueología en donde todo es beige y marrón, porque es muy aburrido, tenemos que hacer una arqueología menos plana y un patrimonio mucho más amigable y abierto, es un campo que da para crear mucho, hay que buscar las formas para que la gente se apropie cada vez más de él.

Flórez

Entrevista a cargo de: Rolando Flores Vega

Fotografía: Cortesía de Gustavo Flórez

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