BOHEMIA

Opinión: Hamlet está podrido

Me saldré un poco del cine y hablaré del teatro en esta oportunidad. Hace tiempo no iba a una puesta en escena pero Hamlet lo amerita, primero, porque si bien la leí en el colegio, en un curso de narrativa en la universidad me la explicaron de una manera sumamente interesante. No se la pierdan y ojalá alcancen entradas porque estas prácticamente se esfumaron.

La tragedia corresponde a la estación del otoño, la caída, y la obra de Shakespeare se desenvuelve dentro de este arquetipo que se origina en los mitos de Esquilo (Orestes), quien institucionalizó la tragedia griega. Esta se origina en el teatro, un ritual antiguo en el que participaba la población y donde la historia suponía la “expulsión del chivo expiatorio”, pero también generaba la catarsis en los espectadores, la liberación del alma.

La obra de Hamlet comienza con un ambiente de tensión: hay una amenaza de Fortinbrás, príncipe de Noruega, al reino de Dinamarca y todos los personajes están preocupados y a la defensiva. El espectro (padre de Hamlet) irrumpe en la historia exacerbando el ambiente de desconfianza y confiesa que ha sido asesinado por su hermano Claudio. La venganza de Hamlet salvaría Dinamarca porque en el trono se encuentra su tío, que no solo ha matado a su padre, sino que se casó también con su madre y esa unión está afectando al pueblo. Hamlet le responde al espectro algo así como que va a borrar todo su conocimiento para cumplir con lo que le pide y se aferra a un plan. En primer lugar, organiza una representación, una obra de teatro que mostraría el asesinato de un rey por su hermano. Esto constituye una especie de arma política para hacer salir la verdad, la idea era ver la reacción de su tío al momento del asesinato en la representación. En segundo lugar, Hamlet se “hace el loco”, un mecanismo de defensa para despistar a los demás.

“Algo se está pudriendo en Dinamarca” es, considero, la frase central para comprender lo que está ocurriendo. Claudio quiere que todos estén felices por su boda, pero Hamlet no lo está. Trata de alegrarlo y genera que todos los personajes accedan a su espionaje. En este sentido, todos son manipulados por los demás. Hamlet es el único que escapa a este control por su locura (¿lúcida?), pero esta pierde sus límites y se convierte en algo mucho más complejo. Ser o no ser es el dilema moral en el que está cifrado el pensamiento de este personaje, ya que para lograr su objetivo, comete muertes de ira y muertes por extensión.

Al final, todos tienen que morir porque “algo está podrido” y lo que se pudre son los valores y las intenciones de los personajes, la decadencia de estas personas. Hamlet también debe morir porque es parte de este contagio. No es un héroe inocente, comete un error y, a nosotros como espectadores, lo que nos produce catarsis es no poder tener una opinión moral definida sobre el héroe, este no se puede llevar toda nuestra piedad ni todo nuestro terror. Hamlet no es un héroe. Esta es una obra increíble que califica dentro del arquetipo de la tragedia, pensemos en el mito de Orestes sino, es la misma historia que perdura.

Me gustó mucho la puesta en escena en el Teatro Británico, si bien es una adaptación (los crímenes son con pistolas), la tragedia funciona porque no se representa sola, sino que mezcla también elementos como la comedia, que los actores expresan sumamente bien. Finalmente, bastó de una escenografía minimalista para crear los escenarios en los que están divididos los actos de la obra de Shakespeare. No pierdan esta oportunidad de hacer catarsis.


Fuente de Imagen: Perú 21

María Fernanda Yáñez
Estudia Antropología en la PUCP. Es aficionada del buen cine y la buena música. Ha tenido clases para aprender a tocar muchos instrumentos, pero no tiene talento para eso.
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