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Opinólogos de la post-verdad: La censura de una discusión política

El lunes 17 de abril, por invitación de la organización Estudiantes por la Libertad- Perú, Agustín Laje y Nicolás Márquez se presentaron en el Auditorio de Estudios Generales Letras de la PUCP para discutir si la categoría género corresponde a una ideología o a un enfoque analítico.

Sin duda, es “interesante” revisar con detenimiento las aseveraciones de Laje y Márquez. Por ejemplo, analizar su punto de vista acerca de la existencia del “marxismo cultural”, el viraje político-ideológico de la izquierda que busca luchar culturalmente por nuevos sujetos de la revolución, la comunidad LGTBI. O también que la “ideología de género” incitará en un futuro no muy lejano la aprobación legal y social de la pedofilia.

Sin embargo, detrás de estos elocuentes argumentos y la popularidad casi farandulesca de sus autores, se hace evidente el preocupante estado en el que se encuentra la discusión pública en materia de derechos sexuales, reproductivos y LGTBI.

Hoy a nivel internacional los estudios académicos tanto cualitativos como cuantitativos en materia de género y sexualidad están siendo tergiversados, adulterados e invalidados por especialistas de la post-verdad, conservadores pro-vida y pro-familia, asiduos lectores (pseudo) académicos, tales como Agustín Laje, Márquez o Ben Shapiro. Estos últimos son claros ejemplos del éxito que pueden tener los argumentos falaces si son enunciados de manera sarcástica, pero sofisticada contra los “caviares”. Públicamente se posicionan como “justicieros sociales” e “intelectuales imparciales”, pues desenmascaran las intenciones antinaturales de los progresistas radicales y desnudan los sesgos “ideológicos” de la academia o las ONG a través de categorías como marxismo cultural o ideología de género.

Así estos nuevos conservadores logran introducir recursos argumentativos, (in)sensibilidades y entusiasmo que afectan al campo político, social y cultural de una manera mucho más visible. Contribuyen a que las discusiones sobre desigualdad y vulneración de derechos sean esperadas como un espectáculo de humillación al adversario y/o narcisismo intelectual. Su falta de seriedad nos hace recordar que, en realidad, los conservadores (cristianos o católicos) de nuestro país no han contribuido al debate sobre el enfoque de género. En términos generales, solo han desarrollado eventos, donde han reafirmado y difundido sus propias certezas.

No obstante, los colectivos LGTBI, las agrupaciones feministas, ONG y las casas de estudio tampoco parecen haber planteado algo distinto. El evento en la PUCP pretendía ser la excepción, pero la oposición de algunos alumnos y el desbalance académico del evento anularon esa posibilidad.

Algunos representantes estudiantiles de la PUCP pidieron la cancelación del evento y criticaron a los organizadores y a las autoridades involucradas por otorgarle un espacio a Laje, pues ello dejaba entrever que se avala la presencia de discursos discriminatorios en la casa de estudios. Frente a ello, Pablo Quintanilla, actual decano de la facultad de Estudios Generales, señaló en un comunicado que el motivo de este conversatorio tenía como objetivo generar un espacio de debate a partir de dos posturas distintas. La posición particular de Agustín Laje no tenía la intención de ser la protagonista, ya que se evidenciaría la discusión con dos panelistas más que dejarían en claro que la política relacionada con los temas de género estaban en contraposición con la sonada “ideología” que proponían los invitados.

Hoy queda claro que el evento realizado en la PUCP no fue solo un espacio para que el autor de “El libro negro de la nueva izquierda” haga evidencia única de su propuesta, sino también sirvió de prueba burlona de que los progresistas pueden ser fáciles adversarios.

Se puede concluir que, hasta la fecha, ninguna de las partes (conservadores y progresistas) ha convocado un debate balanceado entre especialistas que permita un contraste de posturas opuestas el sobre uso del enfoque de género dentro la gestión pública y el marco legal. En su defecto solo se han presentado discusiones televisadas entre los voceros conservadores y las voceras académicas sobre la existencia (o inexistencia) de la ideología de género.

En el momento en el que nuestro país está atravesando una profunda crisis de desinformación, cabe plantearse si las universidades están liderando los cambios que serían necesarios emprender para hacer frente a un futuro más sostenible. Los argumentos de Laje son criticados como trillados, prejuiciosos, discriminatorios nada verificables y embestidos de citas académicas pobremente interpretadas; sin embargo, ¿cómo vamos a comprender y rebatir al conservadurismo sin escucharlo?, considerando que escuchar no significa estar de acuerdo con las ideas contrarias.

Un pensamiento humanista radica en tener un argumento base para poder derrotar un mensaje de odio y reivindicar los derechos de nuestro prójimo. Si no escuchamos ni debatimos con personas diferentes seguiremos haciendo ponencias exclusivas sin incidir, sin comunicar, sin enseñar y sin refutar. Este problema generado en el debate nos lleva a la preocupación y el cuestionamiento sobre cuál es nuestra posición objetiva para discutir sobre temas de género, sobre todo, a ser críticos si se está manejando bien los estudios de género dentro de las universidades y fuera de ellas.

Censurar a un mensaje de odio no combate, no cuestiona ni reduce el odio. Por ello, debemos evidenciar nuestra postura crítica antes de la desinformación. Esta es una base clave para posicionarnos e incidir en nuestro contexto. Sigamos culturizándonos en ello.

Colaboración: Luis Orlando

Estefanía Sánchez
Estudiante del arte para criticar el arte. Actualmente estudiante de pintura de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Con estudios de filosofía en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.
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