CULTURA

El arte político y la estrategia de lo banal

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Actualmente,  existe una llamada persistente de que el  arte tiene que ser  útil por el compromiso directo, el activismo y la intervención sobre la realidad política de nuestra sociedad. Y solo por ese argumento, es bueno hacerlo. 

Después de cientos de años de lucha por la autonomía del arte, después de enterarse de que su calidad esencial  es la ambigüedad, después de repetir que el arte plantea contestar preguntas; existe de repente una llamada persistente de que el arte es útil, ya que resulta interesante su intervención dentro de esferas políticas que respondan a urgencias de la sociedad. En estas ultimas décadas, en el Perú, la esfera artística creo una moda para hablar de asuntos políticos a través de la estética artista.

No me malinterprete lector, considero completamente que el arte es útil, pero:

¿Es necesaria la intención del arte político sin un previo planteamiento al problema?

Comencemos por la crítica.

Una de las condiciones actuales de la práctica artística parece ser la dificultad de desarrollar formas de un arte político para contrarrestar el fenómeno de mercantilización dentro de las nuevas  estructuras.  El período caracterizado por “la lógica de la imagen y el espectáculo” no sólo ha dejado un obsoleto papel contestatario  dentro de la transformación de la sociedad capitalista; sino, también ha puesto en duda sus elementos operativos dentro de la política cultural.  Ante la poca posibilidad de trascender del espacio de galería al espacio público, una serie de artistas, han recurrido a nuevas estrategias  basadas  en la réplica y la simulación de lo pasado, donde solo ellos entienden su estética de renovación.

Parece que estamos asistiendo a un cambio de paradigma en la relación entre el arte y la política. Después de que una generación de filósofos y artistas de los años 90 desarrollaron sus conceptos básicos teóricos, sin un profundo trabajo de campo, fallaron  en argumentar que las simbologías y nuevos conceptos de arte pueden reemplazar las realidades políticas actuales. Por lo tanto nos hemos acostumbrado a llamar a los conceptos y teorías culturales de un solo sector “artístico”, obras de arte “político”. Una idea muy homeopática de la esfera política se ha convertido para muchos en la directriz del discurso cultural contemporáneo. La conciencia constante de la complejidad de conceptos tales como la verdad, la realidad y la política misma ha maniobrado nuestro discurso latinoamericano en un callejón sin salida: o se sobre-simplifica o se hace todo demasiado complicado; o somos demasiados populistas o nos refugiamos en una  torre de marfil hermética. De cualquier  manera, incluimos demasiado o excluimos demasiado. Hemos llegado a un punto en que dentro del conocimiento indispensable todo es contingente y sirve de excusa para el relativismo intelectual.

He sido testigo de muchas muestras/proyectos/montajes artísticos que hablan de temas políticos del conflicto interno (aún muy difíciles de superar) argumentando que su simbología contemporánea puede aglomerar el pasado generando un cambio social a través del impacto. Puede ser. Lo que sencillamente no puede ser es asumir la preocupación por los temas de identidad cultural, sin cuestionar su forma intervencionista de hacerlo. Uno de los principales temas de banalidad en nuestro país, es la de considerarse gratuitamente un héroe social sin haberse acercado si quiera a olfatear la verdadera sociedad.

El nuevo enfoque hacia el arte político debe definirse no en el contenido explícito de la imagen, sino en la polivalencia de los códigos y la verdadera postura consiente del artista para transformar la conciencia del espectador político, ético y estético. La reafirmación de la autonomía de la esfera artística es uno de los verdaderos problemas que aun aqueja nuestra sociedad dentro de lo que nosotros llamamos inocentemente: “mundo del arte”.

Estefanía Sánchez
Estudiante del arte para criticar el arte. Actualmente estudiante de pintura de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Con estudios de filosofía en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.
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