POLITIBLOG

Odebrecht: Dejen que el Congreso investigue

El Congreso puede investigar, aunque quizá no deba. Pero no es razonable oponerse a que lo haga.

Como muchos otros, pienso que el Congreso no refleja precisamente lo mejor de nuestra sociedad, especialmente después de la actitud troglodita que varios parlamentarios adoptaron con la interpelación y posterior censura a Jaime Saavedra. Pero sería necio de mi parte oponerme a que el Congreso haga uso de sus facultades de fiscalización e investigue el escándalo de corrupción alrededor de la constructora brasileña Odebrecht. Respeto profundamente las posiciones en contra, especialmente la del exprocurador Jose Ugaz, quien este tema tiene más autoridad que ningún otro. Pero que acá no sólo hay que pensar jurídica sino también políticamente.

Veamos. Para mí el Congreso no debería tener facultades fiscalizadoras, no sólo porque se presta al circo político, sino porque además carece del perfil técnico que se requiere para realizar de las investigaciones necesarias. Evidencia de la ineptitud del Congreso para este tipo de cosas abunda. La megacomisión que investigó al gobierno aprista en los últimos años, por ejemplo, sólo sirvió para demoler políticamente a Alan, y acaso ni siquiera eso porque fue el periodismo el que realizó los principales destapes, como en el caso de los “narcoindultos”. La comisión que investigó el caso Orellana, por su parte, pasó sin pena ni gloria. Y lo mismo se puede decir de muchas otras. Si me preguntan, así como el Congreso no interviene en la conducción de la economía (aunque influye en la misma a través de leyes), lo mismo debería aplicar para lo que es la investigación en materia judicial. En ambos casos lo ideal es evitar que temas delicados se politicen de manera irresponsable.

Dicho esto, sin embargo, el Congreso actualmente cuenta con las facultades para investigar y hay que reconocerlo. Guste o no, las tiene y esas eran las reglas de juego al momento que se eligió a los 130 parlamentarios a principios de año. Y la presencia de 72 congresistas fujimoristas con ánimo achorado y claras ganas de pechar al resto de la clase política no altera esta realidad.

Me explico. No hay que olvidar que el Congreso jugó un rol fundamental en la investigación de toda la corrupción de los años noventa a través de la comisión que encabezó David Waisman. Y aunque su contribución fue valiosa, no hay que olvidar que el grupo de trabajo tenía por nombre oficial “Sobre la actuación y el origen, movimiento y destino de los recursos financieros de Vladimiro Montesinos Torres y su evidente relación con el expresidente Alberto Fujimori Fujimori” (énfasis mío)Esto no desmerece las contribuciones de la investigación a destapar la corrupción del fujimorismo en los noventa, pero si ese nombre no constituye un adelanto de opinión, entonces no sé que lo es.

El punto acá es que resistirse a que el Congreso investigue, aunque quizá sensato desde un punto de vista técnico, es no razonable desde una perspectiva política. En esa situación, el fujimorismo tendría todas las razones para reforzar esta victimización que se ha vuelto parte de su identidad, haciendo notar que no había problema para que el Congreso investigue al fujimorismo en el 2000 pero sí para que este investigue a otros en 2016. La acusación de doble rasero, entonces, sería más clara que el agua. Además, no es que el Ministerio Público se caracterice por ser extremadamente eficiente: basta con mirar su lentitud con el caso Ecoteva, sobre el cual el Congreso no formó una comisión especial (mantuvo el tema en la comisión de fiscalización) para saber que los parlamentarios no suman, pero que tampoco hay mucho sobre lo que puedan restar.

Dejen que el Congreso investigue. Lo más probable es que reste en vez de sumar, pero no queda otra.

Alfonso de la Torre
Economista por la St. Mary´s University en Texas y estudiante en la Maestría de Políticas Públicas de la Universidad de Harvard. Desde chico tiene problemas para diferenciar la derecha de la izquierda.
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