POLITIBLOG

Cuestión de confianza: PPK en 2016 no es Fujimori en 1992

ppk12

Plantear la cuestión de confianza no implica querer disolver el parlamento ni tampoco pone a PPK en el mismo saco que Fujimori.

A raíz del intento por censurar al ministro de Educación Jaime Saavedra, se ha armado una polémica en torno a si PPK debe plantear la cuestión de confianza. Esto, valgan verdades, me ha generado una suerte de deja vú. Y es que los malos consejos son difíciles de olvidar, especialmente cuando vienen envueltos en un pretencioso aire de sabiduría.

Recuerdo como en las elecciones varios opinólogos se mostraban a favor de PPK, pero al mismo tiempo le pedían que no se enfrente al fujimorismo. PPK en un principio los escuchó, y pasó entonces de liderar las encuestas a situarse por detrás de Keiko Fujimori: o sea, por hacerles caso casi pierde la presidencia. Y son esas mismas voces, algunas dentro de su propia bancada en el Congreso, las que ahora le dicen al presidente que Saavedra no vale un gabinete, que es irresponsable plantear la cuestión de confianza y que la gobernabilidad está por encima de la educación es prioritaria pues esta dañaría la economía (argumento tremendista y que olvida que no todo se trata de la economía).

Hacia el final de la campaña, PPK desoyó esos consejos, muchos de ellos bienintencionados pero ingenuos, y alcanzó a raspas una victoria. Ahora, si quiere que su gobierno prevalezca y sobreviva los cuatro años y medio que le quedan, pues debe hacer lo mismo. La cuestión de confianza es la respuesta apropiada a la bravuconead congresal. çesmpor eso que resulta curioso que algunos, como Ricardo León Dueñas en Político.pe, enfaticen que el Congreso tiene la facultad constitucional para interpelar y censurar ministros, pero se resistan a aceptar que el presidente tiene también la potestad para plantear la cuestión de confianza. Qué bonito. O sea que las facultades existen de un lado pero no del otro. Qué tal ostra.

Peor todavía, si algo es inaceptable es que se pretenda hacer una comparación entre la situación actual y la disolución del congreso tras el autogolpe de 1992. Esa ya es de campeonato. Las diferencias abundan, más que nada porque la cuestión de confianza no cierra el congreso automáticamente. Es como si todos los que discuten este tema no reconocieran que hay un paso intermedio: el congreso debe persistir dos veces en su intento por la censura. Y es ahí donde existen hartas razones para pensar que esto no será así. ¿Acaso olvidan que en 2015, cuando el congreso (con votos del fujimorismo y aprismo) censuró a Ana Jara, el presidente nombró al antifujimorista y antiaprista Pedro Cateriano como premier? ¿Es que el fujimorismo plantó el pecho, no le rehuyó al asunto y lo censuró? Por supuesto que no. El riesgo del cierre del congreso fue demasiado grande, una amenaza mayor para la chamba de varios miembros de la bancada naranja que resultó ser suficientemente grande para disuadirlos. Por supuesto que nadie quiere que se cierre el congreso, pero acá la decisión de cerrarlo es compartida, y pretender que la cosa depende completamente del Poder Ejecutivo es esconder la realidad.

¿De qué balneario de Conchán han salido aquellos analistas que celebran el 5 de abril todos los años pero que ahora se rasgan las vestiduras hablando de la cuestión de confianza? ¿Se hacen o realmente se la creen? Ya pues. ¿O no se dan cuenta que la cuestión de confianza fue introducida por la propia Constitución de 1993 (antes, bajo la del 79, se requerían de tres y no dos censuras al gabinete) de la que tanto se enorgullecen?

En lo que sí tienen razón los críticos es que, por más valioso que sea, Jaime Saavedra no vale todo un gabinete. Pero lo que obvian es que esto hace rato dejó de tratarse de Saavedra: se trata de no permitir que intereses económicos financien campañas al congreso y luego hagan lo que les de la gana en el país. Eso simplemente no se puede permitir. El Perú, olvidan algunos comentaristas obsesionados con “reformas” es más que una economía: es un país. Y definitivamente, como lo he dicho antes, tampoco es la chacra que Galarreta y compañía parecen creer que es.

Alfonso de la Torre
Economista por la St. Mary´s University en Texas y estudiante en la Maestría de Políticas Públicas de la Universidad de Harvard. Desde chico tiene problemas para diferenciar la derecha de la izquierda.
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