POLITIBLOG

Alan García en la mira

Alan García quiere hacerle creer al Perú que ‘AG’ corresponde a Andrade Gutiérrez, pero Hildebrandt parece poner los puntos sobre las íes.

Alan García y la justicia. Si algo ha marcado el inconsciente colectivo de mi generación a nivel político, además de los vladivideos, es la noción de Alan como un ser imbatible que evade la justicia justo cuando parece estar acorralado. Es cierto, en algunos sectores de la izquierda lo de ver preso a García se ha tornado una obsesión, y esta llegó a un extremo con la politización de la megacomisión que dirigió Sergio Tejada durante el humanismo–un esfuerzo torpe que parecía guiado más por vendettas que por ánimo de justicia, y en el cual Tejada parecía haber alcanzado conclusiones incluso antes de haber visto la evidencia.

Los pecados de unos, sin embargo, no exculpan los propios, y la verdad es que Alan tiene mucho que responder.

Partamos por un hecho evidente: resulta inverosímil pensar que, mientras los gobiernos de Toledo y Humala incurrieron en actos de corrupción con Odebrecht y otras empresas brasileñas, el gobierno aprista, que tuvo lugar entre los otros dos, es limpio de polvo y paja. Más que inverosímil, es ingenuo suponer una cosa así luego de que la propia constructora “obsequiara” una estatua enorme de Cristo para que arruinara  adornara el Morro Solar. Y no sólo eso, sino que mientras un viceministro del gobierno aprista ya se encuentra preso, los peruanos debemos creer que, si hubo corrupción, alan tuvo nada, nadita que ver. Ya pues.

Y sí, Alan tiene derecho a la presunción de inocencia frente a un tribunal, pero el resto de peruanos no estamos obligados a creernos ese cuento. Sobre todo cuando es el propio García el que no les da ni el beneficio de la duda a sus adversarios políticos, entre ellos Toledo y Humala.

Si todo esto ya parecía ser indicio suficiente, luego se conoce que las iniciales ‘AG’  se encontraron en una de las libretas de Marcelo Odebrect. La ironía no podría ser mayor, luego de que por dos años el aprismo y el alanismo se obsesionarán con las libretas de Nadine, sino fuera por la respuesta esgrimida por el expresidente: ‘AG’ no es Alan García, nos dice, sino Alfredo González Andrade Gutiérrez. Si tras leer esto escucha a lo lejos un “¡Ampay me salvo!” pues no se ha confundido, porque eso es prácticamente lo que es. Uno podría incluso preguntarse si es que el propio García no ha tenido esa coartada preparada durante meses, a la espera de que surgiera el destape en su contra.

El problema es que jugar a las “chapadas” es mucho más difícil cuando tu rival es César Hildebrandt. Y esta mañana, para sorpresa de pocos, Hildebrandt en sus trece prácticamente desbarató la defensa del expresidente. Primero, porque  ‘AG’ aparece en las agendas junto a las iniciales DGI, que indicaban pagos ilícitos–léase coimas–a políticos. No tiene sentido pensar que las iniciales se refieren a una empresa de la competencia, ¿o es que a esas las compraba también la constructora? Si a eso le sumamos que el apunte en cuestión hace referencia a la segunda fase del proyecto Olmos, en el cual Andrade Gutiérrez no participó, pues la cosa nuevamente se poner color de hormiga para Alan.

Pero mientras la evidencia y el sentido común abandonan a García, cierta prensa no parece hacerlo. Sea por una malsana obsesión con Humala (que sí, también tiene que explicar, y mucho) o por hacerse de la vista gorda cuando la corrupción viene de la derecha, el director de Perú.21, por ejemplo, viene dedicándole varios editoriales al caso Odebrecht sin hacerle más que una referencia de pasada a Alan. Y Mariella Balbi, en una reciente entrevista a Víctor Andrés Ponce, le pregunta por la corrupción de todos los gobiernos anteriores–todos salvo, claro está el de García. O perdón, Balbi claro que hace una referencia a García, pero para hacer una acusación contra PPK. Pero de las acusaciones en su contra, pues nada. Naranja. Ni michi.

¿Coincidencia? ¿amnesia selectiva? ¿Sesgo ideológico? Quién sabe. Lo único claro es que acá hay gente que no está haciendo su trabajo.

Alfonso de la Torre
Economista por la St. Mary´s University en Texas y estudiante en la Maestría de Políticas Públicas de la Universidad de Harvard. Desde chico tiene problemas para diferenciar la derecha de la izquierda.
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